31/5/10

Woody Allen y el éxito

Lo que presento a continuación son dos extractos de la serie de conversaciones que Eric Lax ha mantenido con Woody Allen a lo largo de tres décacas, que recopiló en un libro bajo el ingenioso título de Conversaciones con Woody Allen, y que pueden servir para reflejar qué es el éxito y qué supone este efímero producto para un tipo como este director neoyorkino, quien, en palabras del autor de esta obra, "es la antítesis del personaje que interpreta en la pantalla, el hombre desesperado y en crisis; en el mundo real es dueño de su trabajo y de su tiempo".

Eric Lax: A lo largo de los años hemos hablado mucho de ¿Qué tal, Pussycat?

Woody Allen: Sí, no fue una experiencia muy agradable.

E.L.: ¿Ha cambiado algo para que mejore esa sensación?

W.A.: En absoluto. La gran lección que saqué de aquello fue que si una película tiene éxito pero tú no estás contento con ella, para ti sigue siendo una experiencia infeliz y no hay nada que lo compense. A aquella edad [estaba a punto de los treinta cuando empezó a trabajar en el cine] yo tenía, o creía tener, un temperamento artístico, y me metí de cabeza en el mundillo más corrupto de Hollywood.

E.L.: ¿Sirve como atenuante el hecho de que eso le permitió empezar por su cuenta?

W.A.: Cuando la película se estrenó Charlie Joffe me dijo: "Bueno, está teniendo éxito pero los del estudio se quejan de que sólo salen Peter Sellers y Peter O'Toole". Y recuerdo que pensé: "Algún día la importancia de esta cinta será que fue mi primera incursión en el mundo del cine". Esa era la seguridad tan estúpida que tenía en mí mismo cuando era más joven [ríe].
Pues resulta que hace un año estaba en un videoclub buscando una película para alquilar y vi una copia de ¿Qué tal, Pussycat? Y en la caja ponía en letras grandes: "El debut cinematográfico de Woody Allen", lo que me produjo una especie de irónico placer, un placer vergonzoso por esa seguridad injustificada que tenía en mí mismo [ríe].

Delitos y Faltas, una película maravillosa de finales de los '80, corrió mejor suerte que la antes mencionada, tanto por su calidad artística como por el aprecio que de ella tiene su director.

- sin cochazos, ni tías buenas, ni premios, ni nada -

W.A.: Es cierto que tras las primeras películas dejé de preocuparme por la popularidad, el número de espectadores o lo que se escribiera sobre mi trabajo, pero no lo hice por una cuestión de arrogancia o por un sentimiento de superioridad. Lo que ocurría simplemente era que esa parte del proceso, la llamada recompensa, no me satisfacía ni me hacía feliz. La gente suele confundir mi timidez con una actitud distante, pero no es así. Necesitaba tener un centro espiritual y ser ateo, y eso no es fácil de conseguir. Así que experimenté una especie de indiferencia hacia el éxito o el fracaso y, desgraciadamente, hacia la vida en general. Se ha demostrado que ni el éxito ni el fracaso significan mucho para mí como yo pensaba cuando empecé a dedicarme al cine. Ni lo uno ni lo otro sirven de mucho a la hora de enfrentarse a los verdaderos problemas de la vida.

9 comentarios :

Gloria dijo...

Imagino que no es casualidad que el tema del éxito salga a relucir en un periodo como en el que nos encontramos, imagino que tampoco es casualidad que uses a Woody Allen como “excusa”. Por imaginar... imagino demasiadas cosas, sobre todo cuando más ansiosa por buscar la concentración estoy.

Oye, dice Mr. Allen que él no busca el éxito, que la parte de la “recompensa” no le hace feliz, aludiendo al taquillazo o a la popularidad. ¿No se da cuenta de que él probablemente ya consigue el éxito (otra clase de éxito, mucho más reconfortante y menos efímero) en otra parte del proceso...?

*Ah, muy ilustradora la paradoja que de la que habla el “terapeuta” de la tele: ohhh, señor, ¡ahora lo veo todo claro! :p

Gloria dijo...

Tiene razón: ¡aquí tampoco la pasan por televisión muy a menudo! pero... todo será cuestión de hacer una llamada.

David Herrero dijo...

Gloria!

habrá que llamar, sí, sólo que ésta es en Technicolor, con lo que... habrá que llamar a otro número, pues, para poder sacar la botella de champagne ;)


Lo que dice Allen sobre la "recompensa" es en referencia a los modelos sociales que guían a la gente normal, y éste, no sé si se le puede considerar un genio, pero desde luego no es normal; no tuvo una familia ni un hogar normal, no tuvo una infancia normal, no tenía gustos normales en su adolescencia, ni en su adultez, su manera de discurrir profesionalmente tampoco es normal; es sensible, ingenioso, tenaz, independiente... entrañable!

PD. No sé si es casualidad, imagino que no.

Alejandro dijo...

Hola

Ja ja... quería rescatar alguna cita de la escena, pero hay tantas rescatables... ¡Viva el cereal con fibra! Y ¡la vesícula! y la paradoja del enamoramiento... y el intercambio de fluidos o de palabras.. ja... genial..

Bueno, y ya veo que aparece uno de tus constantes con Cantando bajo la Lluvia.

Hacía tiempo que no veía una escena de esta peli, qué genial.

Eso sí que es un éxito, tener algo que perdura con el tiempo. Hacer algo pensando en uno mismo y no en los demás, no está mal como tema sobre el que meditar.

Eso sí, no sé a lo que se refiere Gloria con lo de que aquí no la pasan por televisión, será que estoy espeso.

Un saludo

Alejandro


Pd: ¿Para cuándo Felipe...?

David Herrero dijo...

Hola Alejandro,

y ¿qué me dices del lenguaje no verbal? las dos miradas que le lanza mientas ven el vídeo, el pelo que le aparta de jersey...

Qué exitazo! (a pesar de la intromisión de Lester)

Pd. Felipe aguarda su momento, que seguro está al caer; no te preocupes por él, se distrae tranquilamente sin hacer nada mientras espera.

Carmen dijo...

THE END con CASABLANCA

… y un final de los que yo considero “felices” a pesar de lo que diga el resto del mundo.

En homenaje a nuestro cinéfilo.

1942. Aeropuerto de Casablanca. Allí están: Ilsa Laszlo (Ingrid Bergman), Rick Blane (Humphrey Bogart) y Víctor Laszlo (Paul Henreid), bajo la mirada del poli Louis Renault (Claude Rains).

No me digáis que no os habéis preguntado aunque sólo sea una vez por qué Rick renuncia a Ilsa y permite que ella se marche con su marido, Víctor Laszlo.

Ya, ya, ya sé que los cinéfilos diréis eso de que los guionistas (los hermanos Epstein) pensaron varios finales, descartaron unos, reescribieron otros y que cuando Ingrid Bergman andaba ya desesperadilla sin saber con qué señor decidían los guionista que se quedara… salió este final. Maravilloso final. Inolvidable escena ¿no?

¿Por qué nos gusta tanto este final? Vamos a imaginarnos otro más romántico: Ilsa y Rick juntos. ¿Por qué este otro final nos parece menos satisfactorio? (a mí por lo menos) ¿No es más “feliz” este segundo enfoque? Entonces… ¿por qué me quedo con el primero?

En mi caso lo veo fácil: el primero me deja buen sabor de boca, me parece que pasa lo mejor que podía pasar y eso es el final más feliz que se me ocurre imaginar. Pero…

¿Por qué? Sentaros, vamos a ver EL FINAL:

-­Si ese avión despega y no estás en él, lo lamentarás –le dice Rick-. Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana. Pero más tarde, toda la vida.
-Nuestro amor, ¿no importa?
-Siempre tendremos París. No lo teníamos, lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca. Pero lo recuperamos anoche.
-Dije que nunca te dejaría –sonríe Ilsa.
-Y nunca me dejarás.

Qué pienso yo: que Rick le dice a Ilsa lo mismo que a sí mismo, que lo mejor es conformarse con el París que han vivido en Casablanca. Todo lo que pueda ocurrir después comparado con “eso” será rutinario y decadente. Rick propone a Ilsa un autocontrol romántico y ella lo acepta; acepta la calidad frente a la cantidad; acepta la incomodidad frente al bienestar y comodidad (y aburrimiento jeje), de los amantes correspondidos. El viaje desde la incomodidad a la comodidad cuando el amor es correspondido, es cada vez más corto y los placeres… cada vez más pequeños (Y si no que se lo cuenten a tu querido Woody Allen cuando nos enseña en sus pelis ese declive inexorable del amor correspondido; esas parejas atrapadas en la insuficiencia de la comodidad. Se empeñan en estar juntos todo el día, vivir bajo el mismo techo, casarse deprisa,… y van dejando tan pequeño el margen de incomodidad que el viaje que recorren hasta la comodidad se va haciendo cada vez más corto, cada vez más corto, hasta que… ¡no hay viaje! :)

Sólo una escena más. Está mal escrito, una ESCENA MÁS.

Rick habla con Laszlo, (en presencia de Ilsa), después de renunciar a Ilsa y le cuenta la noche de amor que pasó con su mujer (esa en la que “recuperaron París”). Y, a mí, me parece que no se pueden hacer las cosas mejor que las hizo Rick.
Mirad la escena:

-No sabe usted –le explica- que ella vino anoche a mi casa. Había venido a buscar los salvaconductos. ¿No es así, Ilsa?
-Sí –dice Ilsa.
-Hizo lo posible por obtenerlos, incluso se empeñó en hacerme creer que aún seguía queriéndome. Pero eso pasó hace tiempo. Por usted ella pretendió que no, y yo la dejé mentir. (¡¡¡ INSUPERABLE !!!)
-Entiendo –responde Laszlo

Laszlo entiende que Ilsa le ha sido infiel pero… entiende algo más, entiende que lo ha sido con un hombre que hasta él es capaz de ver que merece la pena. Eso le permite aceptar la revelación sin la profunda humillación que suele acompañar estas situaciones y no exigir cuentas ni a Ilsa ni a Rick.
Y esa atmósfera que se respira, insisto, a mí, me parece de una altísima catadura moral.

Un abrazo y un beso al cinéfilo (discúlpame la osadía pero, aunque no entiendo nada de cine, algunas pelis me gustan mucho).

Carmen

David Herrero dijo...

Carmen,

no sé cuánto sabes de cine, pero creo la descripción que has hecho de este famoso final nos advierte de que no es poco o, al menos, de que no es poca la sensibilidad con la que captas la belleza, ya sea cinematográfica o, como en este caso, humana, la de Rick.

La verdad es que Bogart, pese a su escasa altura, sale de este final 10 centímetros por encima de cómo entró. "Dijiste que pensara por los dos, y es lo que estoy haciendo" Ante eso, me pregunto, ¿qué puede hacer una mujer? ¿creer que es la más afortunada del mundo y a la vez darse cuenta de que está a punto de dejar en tierra tal fortuna? sospecho que sí...

¿Por qué nos gusta tanto este final?
Dejando de lado la intrahistoria del asunto -algo que, en definitiva, no se ve en la pantalla- sobre la dificultosa forma de cerrar esta historia, creo que de los imaginables este es el final más sorprendente, atractivo e impactante, por honesto, valeroso y firme; un final que ha conseguido convertir a una película en uno de los clásicos más reconocidos del cine.

¿Por qué rodar este final ante la indecisión de productor, director y guionistas?
Si digo que creo que es por Bogart, ¿peco de mitomaniaco? Creo que cada uno de los personajes que ha interpretado Bogart tiene algo del propio actor-mito, es el personaje de la película más un cachito del personaje de Bogart. El status de Bogart no se puede medir ni abarcar, pero no por lo rígido, sino por lo alto, por lo que logra despegar del nivel del suelo cuando es capaz de, como en esta situación, recuperar un amor perdido, decidir por ella -en nombre de su bien- y por su marido que camino ha de tomar cada uno; pero lo tremendo es cómo habla con Laszo en presencia de Ilsa, cómo mata dos pájaros de un tiro (en la pantalla, por que en las salas de cine se carga a cuantos haya) con qué elegancia explica qué, cómo y por qué... "Entiendo" -dice Laszo, ya, entiendes que eres el segundo premio, que acabas de tener frete a ti a un tío como no eres capaz ni de soñar...

Gracias Carmen, has conseguido que me vuelva a emocionar; entre esto y la alergia tengo los ojos como patatas.

Un abrazo, osada :)

Alejandro dijo...

Hola

Bueno, qué nivel.

Menuda escenita has elegido Carmen.

Bueno lo único que puedo añadir aquí que esté a vuestra altura es lo siguiente:

Woody: Cómo me metí en este trance, nunca lo sabré…Es realmente increíble.

Woody: ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo ser un tipo frío? ¿Cuál es el secreto?

Bogart: No hay ningún secreto muchacho. Las mujeres son muy simples. No he conocido ninguna que no conociera lo que significa una bofetada en la boca o una bala del 45.

Woody: Yo no soy como tú. ¿Al perder a Ingrid Bergman en Casablanca no te sentías.. abatido?

Bogart: No hay nada que no pueda arreglar un whisky con soda.

Woody: Yo no puedo beber, mi organismo no tolera el alcohol.


Sueños de un seductor (Play it again Sam). Esta película es la integración de todos vuestros temas, ja..
http://www.youtube.com/watch?v=Y74eorrXXUg

Mirad esta escena, es más fácil recordar la última escena de Casablanca desde ahí.

http://www.youtube.com/watch?v=vbOtyCS-15o&feature=related

Y esta de propina.. ja..

http://www.youtube.com/watch?v=s2SN65gGRpg

Alejandro dijo...

Una última curiosidad

http://www.youtube.com/watch?v=Y74eorrXXUg&feature=related