25/04/12

Dispersión

¿No le sucede a usted, lector, que se mimetiza con los libros que lee a lo largo del tiempo que los está leyendo? Me refiero a contagiarse de su tono, de su ritmo, de su ánimo, de los procesos psicológicos que pone en funcionamiento su personaje. Y me refiero, también, a novelas, no a libros como el que tengo aquí a mi lado, mientras escribo esto, "Using Software in Qualitity Research". ¡Puf!  Quizás la pregunta no sería la anterior, sino: ¿se ha encontrado usted, lector, alguna vez en un libro?, ¿se ha visto a usted mismo -no como se dice hablando de cine, "en pantalla"- sino en las letras, en los renglones, en determinados párrafos, a lo largo de las páginas? Yo, de vez en cuando y de diferentes formas.

Desde hace dos semanas, estoy leyendo Diario de un Cura Rural, de George Bernanos, y el título del libro resulta resumir a la perfección el contenido del mismo, o, más bien, su forma, un diario. Un secreto: " [...] No creo hacer daño a nadie anotando aquí, día a día, con una franqueza absoluta, los más humildes, los más insignificantes secretos de una vida que además no tiene misterio alguno". Éste es el que escribe al tercer día de sus anotaciones. A mi juicio, lo que escribe no es insignificante, y mucho menos su vida deja de tener misterio. Todo lo contrario. Pero el tema que me ha motivado a escribir aquí es otro.

- Claude Laydu dando vida al cura de Ambricourt, en la adaptación de la novela de Bernanos al cinematógrafo, bajo su mismo nombre, a cargo de Robert Bresson -

Más allá del carácter religioso de la obra, más allá de su carácter introspectivo, más allá de las venturas y desventuras que vive, con afición, el joven cura de Ambricourt, -que no es que no me interese todo ello- uno puede fijarse en lo que supone para él esta herramienta, el diario. Se puede apreciar cómo va cambiando su relación con la propia herramienta, y cómo, a la vez que ésto sucede, cambia la relación que mantiene él consigo mismo, es decir, cómo cambia el que escribe.

Lo anterior, junto a otras cosas, puede que haya sido lo que me haya hecho pensar en mi identificación con esta obra y con su triste personaje. Yo también tengo un lugar donde escribir y, aunque no tiene forma de diario, sino de blog, creo que también me ha servido para ir cambiando mi relación conmigo mismo. Y quizás sea por esto por lo que me gusta escribir en el blog, en este blog, y en los de quienes por aquí se acercan. A pesar de que pueda servirnos tanto al cura de Ambricourt como a mí el hecho de escribir para descubrimos a nosotros mismos, quien lea la obra, y un poquito de este blog, verá claramente como lo insignificante es lo segundo y no lo primero. Me refiero al nivel de profundidad de sí mismo que deja depositado en las páginas. Desde luego, si hiciera algo como lo del cura, no lo haría en este blog.

El caso -lejos el dramatismo- es que no escribo aquí tanto como me apetecería. Quizás tampoco antes, pero ahora me he percatado de un porqué. Puede que lo más evidente sea darse cuenta de la poca frecuencia con la que aquí escribo, y puede que ello lleve a pensar -incluso a mí mismo- que escribo poco, o que ya apenas escribo. Y no es eso. Haciendo cuentas a ojo, me he dado cuenta de la dispersión con las que siguen las palabras que tecleo. ¿Es que no escribo? Sí, pero para tan diversos asuntos y en tan diversos lugares, que apenas siento que escribo.

15/03/12

Conexiones: Hermann Hesse, Harry Haller, Une femme douce, Mouchette, Robert Bresson

Hermann Hesse: [...] debe decirse que es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan realmente. Entre éstas hay, sin embargo, muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidismo. Entre los hombres sin personalidad, sin sello marcado, sin fuerte destino, entre los hombre adocenados y de rebaño hay  muchos que perecen por suicidio, sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas, en tanto que, por otra parte, de aquellos que pos su naturaleza deben contarse entre los suicidas, muchos, quizá la mayoría, no ponen nunca mano sobre sí en la realidad. El 'suicida' -y Harry era uno- no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte; esto puede darse también sin ser suicida. Pero es especial del suicida sentir su yo, lo mismo da con razón que sin ella, como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, que se considera siempre muy expuesto y en peligro, como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca, donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para precipitarlo al vacío. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino, porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de ninguna manera una fuerza vital especialmente debilitada; por el contrario, entre los 'suicidas' se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas, que llamamos 'suicidas' y que son siempre muy delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse intensamente a la idea del suicidio.

- HESSE, H. 1967. El Lobo Estepario. Madrid: Alianza Editorial.


*

Escena del suicidio de Mouchette, en Mouchette (1967), de Robert Bresson. La música y los sonidos de la película han sido eliminados y en su lugar suena "Tempo di Minuetto", de Fritz Kreisler.
- Nadine Nortier -


*

Robert Bresson: Dios. Cuando la vida es lo que es -ordinaria, sencilla- sin pronunciar la palabra 'Dios', más siento la presencia de Dios en ella. No sé cómo explicar eso. No quiero filmar algo en lo que Dios sea demasiado transparente. Mis primeros films eran un poco ingenuos, demasiado simples. Es muy difícil hacer un film, por eso los hago con gran simplicidad. Cuanto más lejos voy en mi trabajo, cuanto más dificultades encuentro en el mismo, más cuidadoso soy tratando de hacer algo sin demasiado ideología. Porque si esto debe estar al comienzo, no debería estar al final. Quiero que las personas que vean mis películas sientan la presencia de Dios en la vida ordinaria, como Une femme douce frente a la muerte. Pienso en los cinco minutos que preceden a su suicidio. Hay algo ideológico allí. La muerte está allí y el misterio está allí, como en Mouchette, si miramos la forma en que se suicida, puedes sentir que hay algo, algo que, por supuesto, no quiero mostrar o de lo que no quiero hablar. Pero hay allá la presencia de algo que yo llamo Dios, pero que no quiero mostrar demasiado. Prefiero hacer que la gente lo sienta.

- Robert Bresson, sobre Dios (1976), en ZUNZUNEGUI, R. 2001. Robert Bresson. Madrid: Ed. Cátedra.

14/03/12

Plus ça change, plus c'est la même chose

La frase del título resulta ser un epigrama de Jean Baptiste Alphonse Karr, escrito en 1849, hace ya un tiempo. Viene a decir, en su lengua, algo así como "cuanto más cambia, más es la misma cosa". Es lo que se me ha venido a la cabeza al ver los dos vídeos que pongo a continuación, una comparación ya que utilizó Alejandro Iborra en su capítulo "Concepciones y asunciones subyacentes al taller sobre el Trabajo Fin de Grado", dentro del libro "Evaluación global de los resultado del aprendizaje en las titulaciones dentro del EEES", de 2011, donde los he descubierto yo.

Este es el primero. Un anuncio de una Universidad con nombre de un personaje de Hitchcock, Kaplan, aunque en realidad a éste le toman por una persona que no es, pero ese es ya otro asunto. "It's your time" se titula.

- ¿Este es tío Phill en su clase de Derecho? -

Este es el segundo. Un vídeo realizado a partir del anterior. No sólo utilizan las imágenes y la música del anterior, sino que también se sirven del mensaje que trata de transmitir para elaborar el suyo propio. Un mensaje, desde luego, más agudo y lúcido sobre lo que pasa dentro de las aulas; invita a la acción, a replantearse presupuestos, a indagar y explorar. El primero era un anuncio y, obviamente, trata de vender certidumbre y en ningún caso dudas.

- Un buen ejemplo de 'remix', no sólo de material audiovisual, sino también de una idea -

El caso es que la frase de Karr parece más moderna que todas las modernidades que ha ido conociendo -y olvidando- a lo largo de su vida. ¿Qué pasa ahora con la relación entre las nuevas tecnologías y medios de comunicación y la educación formal? ¿Contradirá a la frase de Karr, o la seguirá haciendo más fuerte?

09/03/12

¿De qué me sirve?

¿De qué me sirve conocer el grosor de un bolígrafo? ¿De qué de sirve percibir sensación de profundidad al mirar a mi alrededor con mis dos ojos abiertos? ¿De qué me sirve olfatear una de las pizzas que yo mismo me preparo, una vez están todos los ingredientes dispuestos encima de la base, listo todo para introducirse en el horno? ¿De qué me sirve comparar entre sí los tres capítulos de una supuesta trilogía? ¿De qué me sirve comparar la supuesta afición a las bebidas alcohólicas de Gregory Bateson, con la última película de la serie de François Truffaut sobre su alter ego, Antoine Doinel, "L'amour en fuite"? ¿De qué me sirve comparar entre sí las viñetas de una misma serie de viñetas de Quino? ¿De qué me sirve comparar las últimas declaraciones del dueño de Mercadona, Juan Roig, con los últimos consejo que me dio mi abuelo cuando le dije que me habían concedido una beca FPU -aunque él no entienda muy bien qué significa eso de efepeu? ¿De qué me sirve comparar estos consejos que ahora me da mi abuelo, con los que me lleva dando desde que tengo recuerdo de él? ¿De qué me sirve comparar a una chica de tez clara y pelo ondulado, con mi hermano, de tez morena y pelo también ondulado, aunque corto? ¿De qué me sirve comparar la recepción de la credencial de becario FPU, con la recepción del libro en inglés de Lev Manovich "The Languaje of the new media"? ¿De qué me sirve comparar lo que se dice en la contraportada de este último libro, con lo que se dice en la contraportada de "Espíritu y naturaleza", de Gregory Bateson, el libro responsable de los mejores ratos que últimamente he pasado sobre mi cama? ¿Y lo que se dice en las contraportadas de éstos, con lo que se dice en "El cine según Hitchcock", producto de la tenacidad de François Trufaut y del propio orondo director, el primer libro no literario en el que vi poesía en su interior?

Todo este sinsentido puede ser resuelto para el lector a través de la lectura del siguiente extracto de la primera escena del acto II de Macbeth:
   "¿Es una daga lo que veo ante mí
con el mango apuntando hacia mi mano?
Ven, déjame aferrarte.
No te tengo, pero te sigo viendo.
¿No eres, visión fatal, sensible al tacto
como lo eres a la vista? ¿O acaso eres
de mi mente una daga, una falsa creación,
un producto de mi cerebro ardido?
Te veo todavía,
con forma tan palpable
como esta que ahora empuño.
Me ordenaste el camino que seguir debía
y el instrumento que habría de utilizar.
¿Se burlan los otros sentidos de mis ojos,
o es que éstos valen más que todos ellos?
Te veo todavía, y veo ahora
gotas de sangre en tu hoja y en tu mango,
que no estaban allí. ¡No, no hay tal cosa!
Es este afán sangriento en que a mis ojos
de esta manera informa".
- Si no tienes a mano una daga, también puedes emplear un cuchillo de cocina -

Macbeth está a punto de matar a Duncan y, horrorizado ante el acto que va a cometer, alucina una daga, hasta que finalmente se da cuenta de que no es real. ¿Qué pasa hasta que se percata de su alucinación? ¿Qué camino sigue? Recuerdo ahora una técnica -si es preciso llamarla así- que ya he visto emplear en sus cursos a John McWhirter y a Tim Ingarfiel -del que felizmente estamos ahora disfrutando de su curso en Desarrollo de competencias cognitivas- y que consiste en, llegado un punto de la sesión (aún tendría que averiguar si tienen estos puntos algo en común) proponer a los alumnos que piensen en uno de sus seres más queridos que en ese preciso momento no estaban pensando; tras ello, proponen que vinculen el contenido trabajado hasta ese punto en la sesión con esa persona; tras ello, proponen que comprueben cómo el hacer esto resignifica el propio contenido del curso, cómo, al añadir esa nueva variable con la que conectar lo que está pasando, surge algo nuevo, un nuevo sentido de lo que se ha aprendido, de lo que se está escuchando, de la sensación de desorientación, de lo que sea que hasta ese momento esté siendo el curso para uno. "¿Y si mi padre estuviera escuchando esto? ¿Cómo encajaría esto mi hermano? ¿Quizás mi tío hubiera hecho esta o aquella pregunta que yo no hice?" Estas son algunas posibles preguntas que los alumnos se hacen -nos hacemos- en ese momento, y mediante las que comprobamos como al añadir algo nuevo para comparar, surge nueva información.

Macbeth hace algo así, sólo que muchos coincidiremos en que su caso es experimentado por sí mismo como algo más dramático de lo que puede sentir un alumno en uno de los cursos de John o de Tim. Macbeth obtiene la información con la que comparar de su sentido de la vista, así como de su sentido del tacto. En primer lugar, ve la daga, para luego comprobar que no es posible agarrarla. Pero no sólo eso, sino que esa misma información resultante, la que se podría decir que surge de ver algo y no poder cogerlo, es, a su vez, comparada con las gotas de sangre. Entonces sí; "¡no hay tal cosa!". Esa metainformación resultante que le dice a Macbeth que la daga es imaginaria es lo que en mis apuntes de los cursos antes mencionados, y en alguna otra parte, aparece con el nombre de información diferencial.

Un problema lógico

Un hombre se afeita sosteniendo su navaja en la mano derecha. Se mira en el espejo y allí ve su imagen afeitándose con la mano izquierda. Dice entonces: "Oh, la derecha y la izquierda se han invertido. ¿Por qué no se han invertido la parte superior y la inferior?".

Este problema fue formulado por el astrónomo Jeff Scargle, y utilizado por Gregory Bateson -quien lo resolvió- en las clases con sus alumnos. Se trataría de desvelar el embrollo en el que evidentemente se encuentra el hombre, y de examinar la naturaleza de la explicación. El asunto no es sencillo o, al menos, a mí no me lo pareció anoche, cuando lo leí boquiabierto -y no estaba leyendo en voz alta-. Es preciso atender, primero, a cuestiones muy sutiles de la propia formulación del problema, y luego, a la propia explicación que de ahí se extraiga.  

24/02/12

Conexiones: Aki Kaurismäki, Harry Haller o el Lobo Estepario, Robert Bresson y Herman Hesse

Aki Kaurismäki: "Por muy solitario que Bresson parezca estar en su profesión, no está totalmente aislado. Tiene un hermano llamado Douglas Sirk (o Detlef Sierck) que continuamente lo desafía en el terreno del melodrama. Por mucho que Bresson quiera esconderse tras la noción católica de gracia, no puede negar que es un director de melodramas. Con sus compañeros -el de arriba mencionado Sirk- y Yasujiro Ozu (que superficialmente parece encontrarse más cerca de Bresson, pero no nos dejemos engañar por la superficie), ha continuado, a su tranquila manera, la tradición de Lubitsch.

Sólo que Bresson ha llevado su estilo tan lejos que no existe ni un solo elemento (tradicional y visualmente) que lo conecten a este estilo cinematográfico. De hecho, no hay ningún estilo en ningún arte con el que él quisiera estar relacionado. Volvemos al principio; Bresson es un lobo solitario."

- ZUNZUNEGUI, R. 2001. Robert Bresson. Madrid: Ed. Cátedra. 



Herman Hesse: "Hay bastantes personas de índole parecida a como era Harry; muchos artistas principalmente pertenecen a esta especie. Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la sangre materna y la paterna, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre.

Y estas personas, cuya existencia es muy agitada, viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento, que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante también a otras personas.

Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino como una estrella, y a todos aquellos que la ven les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad."

- HESSE, H. 1967. El Lobo Estepario. Madrid: Alianza Editorial. 

10/02/12

El modelo de la resta

El de arriba es el título que se me ha ocurrido para referirme a una forma de enfocar las tareas que he notado florecer a mi alrededor últimamente, aunque quizás estuviera ahí desde hace más tiempo.

Cuando un niño pequeño en el asiento trasero del coche de sus padres pregunta, camino a Benidorm en medio de una solanera propia de las autovías del levante, que cuánto falta, no hace falta que matice a qué se refiere. Seguramente no estará preguntando que cuánto falta para volver a ver otro camión con la matrícula "vehículo longo", u otro vehículo igual al que va montado, para comprobar cuál corre más, no, sus padres entenderán que se refiere al tiempo que falta para llegar al destino. En este caso, el contexto es el ayudante, tanto para que el chaval no tenga que especificar con más palabras a qué se refiere, como para que sus papis entiendan que su hijo tiene ya ganas de bajar del coche, algo que, de paso, se lo recuerda también a ellos mismos.

- Vehículo Longo no es una empresa de transportes -

Las respuestas que suelen escuchar los chicos en esa angustiosa situación van en el sentido de tranquilizarlos, de que se olviden del tedio, de las infinitas líneas discontinuas de la carretera, del Sol que también celebra con energía el final de las clases. La distancia a recorrer es la que dice el mapa, y la que queda, la resta entre la que aparece en el mapa y la del cuentakilómetros. Lo único que resta es no perderse, no salirse del camino y respetar el límite de velocidad de la vía hasta el destino.

Esta manera de enfocar una actividad, que en este caso es realizar un trayecto en coche, se centra en atender a lo que resta para poder lograr algo posterior, en este caso, llegar al lugar de veraneo y disfrute. Si comparamos lo que supone, en los términos que queramos, el trayecto en coche con el disfrute del veraneo playero, veremos, por ejemplo, que si nos fijamos en el tiempo, el de la primera tarea es mucho menor que el de la segunda. Si nos fijamos en la cantidad de acciones que implica una y otra, veremos que en la primera en número es mucho menor que en la segunda, de hecho, es difícil compararlas ya que las acciones que puede contener la primera tarea son en una mayor proporción del tipo "necesaria" u "obligatoria" (mirar por los retrovisores, calcular el cambio de marcha, el cambio de carril, atender a las señales, atender a los demás vehículos, etc.) mientras que en la segunda tarea, que en sí es "más grande" o "mayor" en cuanto a las acciones que puede contener, éstas serán en una mayor proporción del tipo "opcionales" o "elegidas y seleccionadas" de entre otras. Dos panoramas bien distintos. Dos conjuntos de actividades más concretas bien distintos. Dos formas de plantearse su desarrollo bien distintas.

Ahora bien, ¿cómo denominar en lo que estaríamos incurriendo en el caso de tomar la primera manera de enfocar una actividad de las que he comentado, y trasladarlo y emplearlo para un conjunto de actividades que de ninguna manera suponen respecto al posible logro que se pueda conseguir mediante su ejecución algo parecido a lo que un viaje en coche supone respecto a unas vacaciones en la playa a la que has llegado tras ese viaje? Dicho de otra forma, ¿qué estamos haciendo al aplicar a un conjunto de tareas que suponen y supondrán para nosotros la cotidianidad el "modelo de la resta"? O de otra forma más, ¿qué está pasando cuando alguien, en su trabajo, su cotidianidad, su día a día, contempla las tareas como los kilómetros que faltan para llegar a la playa y disfrutar de unas vacaciones?

No estoy seguro, pero creo que una de las cosas que puede pasar, si aún tienes perfil en facebook, es que la pantalla de tu ordenador se llene el viernes, a eso de la hora de comer, de mensajes del tipo "I love viernes", "findeeeeee!!!", o "oeoeoe que pedo me voy a piyar", así como el lunes se llenaría de otros del tipo "noooo que frío, y encima lunes!!!".

Bien, pues este modelo es el que he visto aparecer a mi alrededor últimamente. Mi padre es el dueño de un bar, donde trabaja como camarero, un trabajo duro, y le quedan ya pocos años para jubilarse. Es sólo a partir de hace un tiempo cuando he empezado a escucharle expresiones del tipo "cuánto queda". No tengo la suerte de estar con él mucho tiempo, pero, aún con lo poco que estoy, creo que cuanta más presencia tiene el modelo de la resta a la hora de enfocar sus tareas, menos disfruta de ellas, ya que pasan a ser contempladas de una forma en la que son enemigos a batir, muros a derribar, trincheras a superar, nada mínimamente apetecible.

Pero realmente cuando me refería a mi entorno no me estaba refiriendo a mi padre y sus pocos años para jubilarse, si no al universitario, en el que me muevo. Un buen profesor, y mejor persona, me definió la carrera universitaria como una constante carrera de vallas, al menos hasta conseguir el grado de titular, aunque quizás alguien en ese grado aún podría seguir viéndolo como una carrera de vallas, al menos puede que hasta el siguiente sexenio. Y aunque en su momento le dije que lo entendí, cada día lo entiendo menos.

- Como en la fotografía, una larga carrera de vallas es difícil de enfocar -

¿De qué se trata esto, la universidad, el saber, el investigar, el generar conocimiento, el enseñar, el satisfacer la curiosidad, el generar otra nueva? ¿Es igual que apretar tornillos, poner cañas, remover cemento o apretar timbres de puertas? Según Gregory Bateson, la ciencia es la única rama de la actividad humana cuyo objetivo es comprobar y revisar los viejos presupuestos en los que se basa, ya que, aunque todas las actividades humanas, hasta el dormir, se basan en presupuestos, su razón de ser no es atenderlos y destaparlos. Esto es esencia de la ciencia. En este deseable y lustroso empeño, el científico ha de conocer  también sus propios presupuestos y ser capaz de enunciarlos, evidentemente, más allá de su muro de facebook mediante un alevoso mensaje referido a la climatología o al día concreto de la semana en el que se encuentre.

"¿Cuántos artículos me quedan por escribir?" "¿Cuántos congresos por acudir?" "¿Cuántos abstracts por enviar?" "La universidad era un bullir de ideas" Este podría ser el pie de una viñeta de El Roto, pero no, es lo que yo escucho y lo que me hace quedarme perplejo y me lleva a perderme. Quizás, en vez de preguntarme cuánto restará para que deje de escucharlo, podría empezar a rascar en los presupuestos, como sugiere Basteson, que hacen que me eso mismo me incomode.


*

Actualización (i):
Robert Bresson, director de cine francés, sintetizó lo que me movió a escribir este post en la siguiente y sutil nota, dentro de su cuaderno de Notas sobre el cinematógrafo:

No tener alma de ejecutante. Encontrar, en cada toma,
un nuevo toque para lo imaginado. Invención (reinvención) inmediata.



*


Actualización (ii):
Wislawa Szymborska, poetisa y ensayista polaca, y Premio Nobel de literatura en 1996, hizo lo mismo que Bresson, pero a través de un poema. Sólo dispongo de la traducción al castellano de Abel Murcia Soriano de su versión original, en polaco, que es la siguiente:

Ayer me porté mal en el cosmos.
Viví todo el día sin preguntar por nada,
sin sorprenderme de nada.

Realicé acciones cotidianas,
como si fuera lo único que tenía que hacer.

Aspirar, espirar, un paso tras otro, obligaciones,
pero sin pensamientos que fueran más allá
de salir de casa y volver a casa.

El mundo podría ser tenido por un mundo loco
y yo lo tuve para mi propio y trivial uso.

Ningún cómo, ningún por qué,
o de dónde ha salido éste,
o para qué quiere tantos impacientes detalles.

Fui como un clavo superficialmente clavado a la pared,
o
(aquí una comparación que no se me ha ocurrido).

Uno tras otro se fueron sucediendo cambios
incluso en el limitado campo de un abrir y cerrar de ojos.

En la mesa más joven, con una mano un día más joven
había pan de ayer cortado de forma distinta.

Las nubes como nunca y la lluvia como nunca,
porque era con otras gotas que llovía.

La Tierra giraba sobre su eje
pero en un espacio abandonado para siempre.

Duró sus buenas 24 horas.
1.440 minutos de ocasiones.
86.400 segundos que mirar.

El cósmico savoir-vivre
aunque calla sobre nuestro asunto,
exige, sin embargo, algo de nosotros:
una cierta atención, un par de frases de Pascal
y una sorprendente participación en este juego
de reglas desconocidas.

27/01/12

Conexiones: Anthony Stirling, Keith Johnstone, Robert Bresson y Dino De Laurentis

Keith Johnstone, dramaturgo, director y profesor de teatro, y autor del libro IMPRO, ha pensado mucho, me atrevo a decir que más que la mayoría de las personas, tal como también se atreve a aseverar el sobrino de la arrendadora de la habitación de Harry Haller sobre el propio inquilino.

Al finalizar el periodo educativo necesario para acceder a la universidad, se consideraba lisiado e inepto para la vida. Sentía que la educación había tenido en él un efecto más negativo que positivo. Su postura era peor, su voz, sus movimientos y, sobre todo, su espontaneidad también habían ido decayendo desde que entró en el instituto. Así pues, decidió ser profesor. Quizás en la escuela de educación le enseñarían a hablar de manera natural, a tener confianza y a mejorar sus habilidades para enseñar, pensaba él.

Allí tuvo la suerte de encontrar a un brillante profesor, Anthony Stirling. Quien ha conocido uno de estos sabe lo que valen, pero el turbado Keith de entonces tardaría un tiempo en descubrir su brillo; quizás no más del necesario para pasar de interesase de lo que enseña un gran profesor, a lo que hace.

Su primera clase fue desorientadora. El profesor les hizo mezclar una espesa pintura negra y posteriormente les pidió que imaginaran un payaso que pedaleaba en monociclo sobre esa pintura y que luego se dirigía a sus hojas de papel. "No pinten el payaso, sino la marca que va dejando en el papel". Keith estaba ansioso por demostrar su destreza. Había sido siempre "bueno para el arte", y deseaba que su profesor supiera que él valía la pena. "Pero, ¿cómo hacerlo mediante este ejercicio? ¿a quién le importan las marcas de una rueda?", se preguntaba Keith. "Él pedalea dentro y fuera de sus hojas", dijo el profesor, "y hace todo tipo de piruetas, de modo que las líneas en el papel son muy interesantes...".

El resto de alumnos cubrieron sus hojas con desordenadas líneas negras, menos él, que habría tratado de ser algo más original que el resto haciendo una mezcla azul. Stirling le criticó por su incapacidad para hacer una mezcla con negro, lo cual le irritó bastante. Luego les pidió que colorearan todas las formas que había hecho el payaso, y, posteriormente, que pusieran diseños en todos esos colores. "¿Pero qué tipo de diseños? ¿Se está riendo de nosotros?". "Cualquiera", respondió Stirling. Los alumnos, incluido Keith, querían entender bien. "¿Qué tipo de diseños", volvieron a insistir. "Depende de ustedes", replicó el profesor, quien tuvo que acabar explicándoles, con mucha paciencia, que realmente era algo a la elección de ellos.

Una vez terminados, se pasearon todos mirando sus producciones de forma displicente, pero el profesor parecía no inmutarse. Se dirigió a un armario y sacó una gran cantidad de trabajos que distribuyó por el suelo. Era el mismo ejercicio hecho por otros alumnos, pero los colores eran hermosos y los diseños novedosos. "Debían de ser alumnos avanzados, y nos los muestra para que entendamos que hay algo que podríamos aprender", pensaba Keith, hasta que algo llamó su atención. Estaban firmados con letras muy torpes. "Un momento, ¡están hechos por niños!". En efecto, todas las obras eran de niños de ocho años. Se trataba de un ejercicio para estimularlos a usar toda la superficie del papel. Keith Johnstone enmudeció en aquel momento.


*


En 1963 Robert Bresson se encontraba en Roma, preparando su versión del Génesis, desde la creación hasta la Torre de Babel. La obra iba a ser producida por Dino De Laurentis. Se trataba de una película compuesta por varios episodios bíblicos, entre los que Bresson había escogido el del Arca de Noé. Le interesaba especialmente solucionar los problemas derivados de filmar animales y los de filmar el agua inundando las casas. Su puesta en escena estaría lejos de los espectáculos bíblicos en boga de la época.

Una mañana, mientras Bresson estaba ensañayo, De Laurentis apareció por el estudio, donde observó unas enormes cajas que contenían varias parejas de animales salvajes: dos leones, macho y hembra; dos jirafas, macho y hembra; dos hipopótamos, macho y hembra, etc. El productor le comentó a Bresson, con cierto aire de prepotencia, la ilusión que le hacía ser el único productor del mundo capaz de hacer descender al maestro a la tierra, mediante la producción de un filme como el que iba a ser este, con verdaderos valores de producción. "No se verán más que sus huellas en la arena", le aclaró Bresson. Una hora más tarde Dino De Laurentis despedía a Bresson, y éste se volvía descontento a Francia.