13/5/10

Reflexiones sobre la autoridad, la política educativa y la psicopedagogía

  • Mesa redonda de estudiantes. 1er día de las VIII Jornadas de Psicopedagogía de la UAH.

Una vez clausuradas las Jornadas, ya estoy en disposición de ofrecer a los asistentes a tales, a los lectores habituales de este blog y al resto de hispanohablantes del globo terráqueo, el producto de los exasperantes momentos de preparación de lo que cuento aquí.

Lo que presento a continuación es, pues, la serie de reflexiones que me ha suscitado relacionar el concepto autoridad, como estudiante de psicopedagogía, con la labor que desempeñaré en un futuro muy lejano como psicopedagogo -pakistaní, para los no enterados- y con la labor legisladora en educación de nuestros políticos.

¿Qué diferencias y similitudes se pueden encontrar entre un político que idea leyes educativas y un psicopedagogo? (obviemos los aspectos económicos y los coches con chofer). La principal similitud que aprecio es que ambos tienen capacidad de incidir en las realidades de los centros educativos, claro está, uno de manera más general y el otro más específica. En cuanto a las diferencias veo que el futuro de uno, el del político, depende de la urna donde deposite los votos la gente; y que el otro, el psicopedagogo, tiene capacidad de acción directa sobre el futuro de otras personas que les queda poco para poder votar.

Más allá del anterior juego de palabras, si es que se le puede llamar así, creo que para las personas preocupadas por la educación, como se supone que son las que asisten a las Jornadas de Psicopedagogía, sería pecar de ingenuidad pensar que los legisladores y políticos -quienes, recordemos, dependen de los votos de los demás- tienen más capacidad de cambio sobre las realidades de los centros de educación formal que un psicopedagogo o cualquier otro profesional de la educación. Quizás se pueda considerar ingenuo pensar así, pero creo que aún lo es más esperar a que otro te solucione tus problemas cotidianos, y más cuando ese otro se juega sus lentejas en otras cuestiones. Somos nosotros los protagonistas de esas realidades; nuestra capacidad de análisis, de crítica y de reflexión sobre la ellas, nuestras herramientas de cambio.



Para ilustrar mi anterior postura hay un ejemplo bastante actual, fresco pero amargo; el intento de pacto educativo que se resolvió de manera negativa el pasado jueves por los dos partidos políticos mayoritarios. Rescato, para disgusto del lector, las declaraciones de la secretaria general del PP:


"Los pactos son para cambiar y el PSOE se ha negado a cambiar un modelo que todos sabemos que ha fracasado. Si quieren seguir con lo que hay ahora, no necesitan a nuestro partido"

Ya que estamos, se lo puedo traducir también: "déjame a , que no sabes", algo que también se oye de boca de los alumnos de educación infantil cuando tratan de montar un puzzle.

Los que llevamos ya algunos años formándonos en el ámbito educativo hemos podido constatar cómo siempre que se echa la vista atrás para mirar a nuestro pasado y antecedentes educativos es para referirse a la tan manida "educación tradicional" (algo muy malo y a evitar, y que yo aún no sé en qué se concreta); pues bien, se podría mirar ahora para encontrar una lección de verdadera madurez política: la Ley de Bases de 1857 de Claudio Moyano; una ley que no fue innovadora en su contenido, pues venía a recoger lo esencial que ya se había legislado previamente y necesario, dado el contexto, para crear un pilar común sobre el que construir y seguir construyendo, pero que sí lo fue, incluso para hoy, atendiendo a las formas. Significó la llave para que un mes después fuera promulgada la Ley de Instrucción Pública que se mantendrá en vigor más de 100 años. Ese carácter de perdurabilidad y tendencia a la quietud quizás no sea admirable ni deseable, pero, desde luego, el intento de diseñar un marco común para liderar y guiar las aspiraciones de la mayoría, de ambas mayorías, sí es destacable.

Siguiendo el camino de la política -que no el de la madurez- y relacionándolo con la autoridad, llegamos, como habrá podido sospechar el intuitivo lector, al famoso y polémico Proyecto de Ley de Autoridad del Profesorado, desarrollado por la Comunidad Autónoma de Madrid y pendiente, creo, de la aprobación definitiva por la Asamblea de Madrid. Algunos de sus rasgos definitorios, a través de los cuales se puede intuir el concepto de autoridad que le subyace, son los siguientes:
  • Se contempla como un desarrollo de la LOE, concretamente de su artículo 104.1, donde se dice que las Administraciones educativas están obligadas a velar para que el profesorado reciba el trato, la consideración y el respeto acordes a la importancia social de la tarea encomendada por la sociedad.
  • Se considera que la filosofía de las leyes educativas desde la LOGSE ha hecho que la transmisión de contenidos y saberes pase a un segundo plano, adoptando responsabilidades que competen a las familias y descendiendo, así, su valoración social con la consiguiente pérdida de autoridad.

Por lo anterior, y pretendiendo reforzar la figura de los docente madrileños, que son los más chulos, como sus políticos, se adoptan entre otras las siguiente medidas:
  • Se reconoce la condición de autoridad pública a los docentes.
  • Las faltas cometidas contra ellos tendrán una consideración más grave.
  • Se obliga a cada centro educativo a elaborar su normativa de convivencia y a aplicar las medidas disciplinarias en los términos que establece el Decreto de Convivencia Escolar de la Comunidad de Madrid.
  • Se otorga la posibilidad a directores y profesores de adoptar medidas provisionales de carácter cautelar.

Orden, disciplina y respeto. Creo que esos son los tres ingredientes de que consta la autoridad para los legisladores educativos de la Comunidad de Madrid. Una duda: ¿a qué modelo, del que todos sabían que había fracasado, se refería Cospedal como justificación para no realizar el pacto educativo propuesto por el ministro Gabilondo?

"Yo no te pido que saques un 10, querido hijo mío, pero como me diga el maestro que te portas mal en clase... cómo dejes en evidencia la educación que se te da en esta santísima casa de Dios..." Aunque no éste, concretamente, sí se pueden escuchar comentarios similares (si la ven en versión original, algo muy recomendado, escucharán lo mismo pero en alemán) en la última lección de cine del maestro Haneke, La Cinta Blanca.

¿Qué es para mi, estudiante de psicopedagogía, la autoridad escolar? Lo voy a tratar de explicar mediante un inocente juego. Consiste en imaginar lo siguiente: Un grupo de personas. Un grupo que es tal por criterios ajenos a ellos, es decir, que no han acordado reunirse y pasar las mañanas, o las tardes, juntos de motu propio, sino que son criterios que no han establecido ellos los que dan origen al grupo. Sigan imaginando ahora que uno de los individuos de ese grupo, a diferencia de los demás, tiene capacidad de decisión sobre el resto. ¿Qué hacen, cómo y por qué? son decisiones que él toma, además de la secuencia a seguir, la forma en que el resto demostrará su progreso en esa secuencia o si ese progreso es suficiente, o no, según sus criterios. ¿Quien diría que esa persona no tiene toda la autoridad posible ante el resto de los miembros del grupo? Si a esa persona distinta la llamamos docente, profesor o maestro y al resto los llamamos estudiantes.... me surge una inquietante duda ¿a qué nos referimos cuando hablamos de problemas de autoridad docente?

Creo que se pueden llamar a las cosas por su nombre, lo cual requiere más esfuerzo que poner una engañosa etiqueta a distintas y complejas realidades, así pues podríamos hablar de:
  • Necesidades educativas de una sociedad, cambiante cada vez a un ritmo mayor, que no son satisfechas por las instituciones educativas.
  • Grupos de alumnos mal organizados y gestionados.
  • Profesionales incompetentes, alérgicos a la formación continua y aún más a la autocrítica.
  • Falta de recursos, apoyos e inversión.

Por otra parte, también se puede creer los poderes mágicos de proyectos de ley que dentro de poco se harán realidad; que, al menos, si no tienen efectos positivos sobre la realidad educativa, los tengan sobre las urnas.

¿La autoridad, entonces, se impone o se construye? No lo sé. Supongo que depende de tu objetivo, de la premura o consistencia con que quieres conseguir éste y de la inconsciencia de quien elige. Pueden ser caminos diferentes que, a pesar de buscar lo mismo, conducen a lugares distintos. Cuál nos conviene más es algo que tenemos que decidir, y para ello me permito presentarles el siguiente extracto de un libro que considero imprescindible para la formación de cualquier docente, IMPRO de Keith Johnstone, un libro sobre la improvisación y el teatro; y es que quizás la educación tenga más que ver con esos dos artes de lo que solemos pensar:

[...] La educación tradicional es altamente competitiva, y se supone que los alumnos tienen que tratar de sobrepasarse unos a otros. Si le explico a un grupo que debe trabaja para los demás miembros, que cada individuo debe interesarse en el progreso de los otros, se sorprenden; pero, obviamente, sin un grupo apoya en forma intensa a sus propios miembros, será un mejor grupo con el cual trabajar.
Lo primero que hago cuando me enfrente a un grupo de alumnos nuevos es (probablemente) sentarme en el suelo. Desempeño un status bajo y les explico que si fallan deben culparme a mí. Entonces ríen y se relajan, y les explico que en realidad es obvio que deben culparme a mí, ya que se supone que soy el experto; y que si les doy el material equivocado, fracasarán; y que si les proporciono el material adecuado, tendrán éxito. Físicamente desempeño un status bajo, pero mi status real comienza a subir, ya que sólo una persona muy segura y experimentada podría culpase a sí misma del fracaso. A estas alturas, están prácticamente resbalando de sus sillas, porque no desean estar más arriba que yo. Ya he logrado un cambio profundo en el grupo, porque de pronto el fracaso ya no les atemoriza tanto. Por supuesto, desearán probarme; pero realmente me disculparé ante ellos cuando fracasen, les pediré que sean pacientes conmigo y les explicaré que no soy perfecto. [...]

Lo que me queda claro tas la lectura es que por muy lideresa que seas, no puedes hacer una ley que obligue a los docentes que conocen a un nuevo grupo de alumnos a sentarse en el suelo. La realidad nos ha demostrado que lo contrario, sí.

7 comentarios :

Carmen dijo...

¡Genial este tema!, me encanta, David.

Discutí el otro día con una orientadora por el concepto de autoridad en el aula. Seguramente tenía ella razón pero me cuesta mucho aceptarlo. Bueno, de momento, no lo acepto.

Creo que se "es autordad" por la posición que se ocupa y un profesor en un aula es autoridad por el papel que ante sus alumnos representa. A partir de ahí, lo diga quien lo diga, ya no creo + que la autoridad sirva para nada provechoso en el ámbito educativo y sí el respeto ganado cada día (si se gana el respeto no habrá que volver a hablar de autoridad porque estará subyaciendo detrás). Pero la autoridad que se impone no funciona para aprender, creo.

Ante el nacimiento de un hijo, todos los padres gozan del mismo nivel de autoridad. Pasados unos años... algunos padres han alternado sus papeles con su hijo y es asombroso ver la autoridad-tiranía que ejerce algún canijo con sus padres y la dependencia de los padres con respecto al mismo canijo.¿La autoridad la tiene el niño y la dependencia los padres? ¿pero qué está pasando?

En al ámbito educativo también pasa. Pero ¿la solución es una ley que diga a quién coloca la autoridad? La autoridad que necesita un profe ya se presupone, va con el puesto. Mantenerla ya es otro cantar.

Yo creo en el respeto ganado y no en la autoridad impuesta. Pero para eso hay que demostrar a los alumnos en el aula que sabes de lo que estás hablando, que ellos te importan, que crees que son capaces, que su fracaso habla un poco del nuestro, que entre todos se construye, que para construir algo significativo hay que saber dónde están sus intereses y ganarnos su respeto y respetarlos (en sus capacidades, en sus distintos ritmos de aprendizaje, en sus culturas de origen,...).

Un día volveré a hablar con esa orientadora con la que discutí (amigablemente), para que me vuelva a explicar lo de la autoridad en el aula. Quizá no estemos tan distantes, quizá yo deba admitir que hay una autoridad imprescindible para poder llevar a cabo un trabajo y ella entender que se puede construir mejor desde el respeto que desde la imposición. Quizá estamos dentro del ámbito en el que mejor podemos acercar posturas dialogando, en un intento por comprender al otro.

Por cierto... lo de volver a colocar la tarima... ¿eso habla de conseguir el respeto por el diálogo o la autoridad por la imposición?

Si los profes queremos estar + altos lo que tenemos que hacer es colocarnos la gallina en la cabeza (+ ideas y - alzas).

Un beso,
Carmen

Carmenchu dijo...

Hola:

¡ Yo me voy contigo ...¡EH¡...¿puedo?

Cada vez , tengo más claro el valor de la escritura.

Me sacó, de mi último conflicto de autoridad y estatus, con alguien de nuestra profesión...que iba de way...

No sé, estos van de frente...hay otros peores que hacen lo mismo a hurtadillas,...COMPLICADO TODO.

Los cambios son personales como decía Millán en la conferencia y recalca Lola, en el último post de Patricia...SIN ELEVAR LA CONSCIENCIA DEL PROFESORADO Y PSICOPEDAGOGOS U OTROS IMPLICADOS, NO PERCIBO SOLUCIONES...

Son cadenas de INDIVIDUALIDADES SUMADAS Y ESCRITAS...

“Sería estúpido intentar luchar contra la oscuridad de una habitación cuando lo único que necesitamos es encender la luz.

El problema que tenemos que eliminar no es el de la oscuridad.

Lo que ocasiona la oscuridad es la falta de luz. Si encendemos una vela en una habitación que está a oscuras, la oscuridad desaparece al instante.

Del mismo modo, la enfermedad desaparece cuando se generan los efectos saludables y vitales en el cuerpo y la mente.

En resumidas cuentas, cuando todo se centra en la enfermedad, la buena salud sigue siendo un sueño muy poco realista.

La base de la crisis sanitaria y (educativa ) actual ,es el hecho de culpar a las enfermedades (alumnos, administración, profesores)de nuestra falta de bienestar y combatirlas como si fueran nuestros enemigos.”

Andreas Moritz, “Los secretos eternos de la salud. Medicina de vanguardia para el siglo XXI” (ed. Obelisco)

Un abrazo y gracias por escribir

Alejandro dijo...

David, felicidades por lo bien que estás escribiendo últimamente, no sólo formalmente, que también, sino por cómo argumentas y desarrollas ideas complejas. No quería dejar de agradecértelo y felicitarte.

Me encanta este tema, por eso, en parte, estamos también con el tema del estatus en HHSS este año. Por eso también me ha fastidiado tanto haberme pedido las jornadas este año, aunque las pueda seguir desde aquí, gracias a vuestros posts.

Ya sabes, para mí, que sería mucho más interesante hablar en términos de procesos de liderar/seguir, y no tanto de términos relacionados con dinámicas de poder.

Si es necesario imponer el poder, es que lo que tiene lugar en el aula no tiene mucho "sentido", no es "relevante", y se actúa en consecuencia. Esta falta de relevancia puede ser por los contenidos, por la forma de trabajarlos, por el tipo de relación que se establezca entre las personas que los trabajan, por el contexto socioeconómico, político, etc... etc... y todo conectado, claro. Y por muchas más cosas, claro... pero no quiero extenderme.

Entrar en diálogos colaborativos, como los que plantea Gergen (ese autor que probablemente nadie ha leído aún en la asignatura de HHSS, y es tan interesante como Keith Johnstone)es altamente complejo y altamente estimulante y productivo. En ese tipo de dinámicas emerge una autoridad que incluye a todos los participantes. ¿Tenía autoridad el profesor de The History boys? ¿le hacía falta explicitarla acaso? ¿tenía más autoridad el director? ¿le servía de algo?

Es un tema que hay que continuar.

Por cierto, me he quedado con ganas de seguir leyendo la parte histórica que tu post... que se interrumpe, ¿por qué? Me has dejado con ganas. Tengo bastantes lagunas en conocimientos históricos sobre educación y me venía bien leer más sobre esto.

Seguiremos con esto.

Gracias por la reflexión. Y a ti Carmen, desde luego también.

Alejandro

Gloria dijo...

David,

tuve la fortuna de estar entre el público durante la mesa redonda que, como ya descubrimos hace tiempo no tiene ni por qué ser físicamente redonda ni por qué establecer entre sus participantes un tipo de relaciones de productiva circularidad.

En esta ocasión, la mesa seguía sin ser redonda. En cuanto a las relaciones... de circulares tuvieron poco, a no ser que tomemos en consideración el intento de dar un feedback (unidireccional, eso sí) a las “mini-ponencias” a través de unos pulmones de escándalo que, para la admiración de unas y el horror de otras, pretendían cumplir el papel de argamasa entre bloques.

Sobre el contenido de lo que allí se habló, no puedo sino quedarme con lo del segundo ponente (sí, sí, ponente, con cartelito y todo), precisamente aquello que ha sido plasmado en este post, como síntesis (y probablemente deleite) para el susodicho, como recordatorio para quienes lo recibimos de viva voz y como primer mensaje para los no presentes.

Sobre la forma del anterior contenido... chapeau. Ante la premura, te recolocaste: redujiste y fusionaste. Reflexiones agudas y sin vericuetos, preguntas al aire para dejar a la audiencia pensando, referencias concisas (y conectadas) a la actualidad educativa y... la lectura de ese fragmento de “Impro”, el mismo que en mi primera lectura del texto, semanas atrás, me llamó tantísimo la atención (creo que yo sí que resbalé de la silla al escucharlo, jaja).

Vamos, un placer.

Gloria dijo...

Yo otra vez! : )

Al hilo de todo lo que decíais sobre a la autoridad...

Yo creo en la “autoridad construida” que David mostraba como una de las dos vías posibles. ¿Dependiendo la elección de una y otra del objetivo...? quizá. Todo depende de si lo que buscas infundir en los demás es temor o seguridad, si lo que buscas encontrar en ti es un aumento absurdo del ego o un acercamiento.

Para ilustrar esto creo que el fragmento de Johnstone era ideal y la relación metafórica que establecía entre el status y la posición física adoptada... la idónea. “Lo primero que hago cuando me enfrente a un grupo de alumnos nuevos es (probablemente) sentarme en el suelo.” ¡Cómo se rompen así los esquemas de los niños! ¿Por qué? Porque están más acostumbrados a ver a alguien elevarse por encima de sus cabezas que a ver a alguien a su lado. Esto puede ocurrir de forma más explícita en las aulas (por supuesto, no en todas) pero también en las familias (“cuando seas padre...”). Así, irremediablemente, cuando Carmen se preguntaba el motivo real de volver a colocar la tarima... creo que es por purito miedo a sentarse en el suelo, por inseguridades y falta de habilidades a la hora de gestionar la relación con unos “canijos” que crees se pueden subir a tus barbas, porque crees que sacándoles más centímetros... controlarás más la situación... ¡qué equivocación!

Alejandro, apostabas por procesos de “liderar/seguir” frente a las tradicionales dinámicas de poder, y yo también pienso que si la preocupación fundamental de la actualidad educativa de nuestra comunidad es, de algún modo, el refuerzo del poder... ¿dónde queda lo demás? ¿no tiene sentido?

Hay quien dice que sin orden en una clase no se puede hacer nada, y estoy de acuerdo: sin normas de respeto hacia los demás, sin pautas de comportamiento, sin la existencia de ciertos límites... lo demás no llega, y en realidad... no debería llegar, ¿no? Porque... ¿no venimos a clase (a la sociedad, apuntaría yo), como decía una profesora de mi hermana, primero para “aprender a ser personas” y luego para “aprender lo demás”? Es en este nivel donde, a mi juicio, sale a relucir la autoridad, concebida como una manera de gestionar el grupo, como base sólida de relación a partir de la cual construir... pero no como uso arbitrario de un cetro.

Paloma Carracedo dijo...

Bueníssimo también por escrito.
Me encanta el cierre (...) "La realidad nos ha demostrado que lo contrario,sí" jajaja

Gracias, David.
Paloma

David Herrero dijo...

Qué de comentarios! Gracias de entrada a todos. Hice click en el botón "publicar" y me largué corriendo con mis bártulos a Cuenca, donde, en contra de lo esperado, no he tenido conexión a internet. Así pues, una vez "arreglado" el post, completado lo de la Ley de Bases (manda narices reconocer que bajo el mandato de Isabel II se publicó una de las leyes de educación más innovadoras en cuanto a forma) y añadidos numerosos links, me dispongo a recoger algunos de vuestros comentarios.

Carmen
Creo que en un ambiente educativo donde la autoridad sea impuesta se aprenderá a vivir bajo una autoridad impuesta. Parece simple y obvio lo que digo, pero lo importante, creo, son las consecuencias que se derivan de aprender a moverse y relacionarse de esa manera con tu contexto. Te re-recomiendo La Cinta Blanca.

Sobre lo de tu orientadora, qué decir... y es debe ser muy jodido reconocer que tu trabajo se te va de las manos, que tus expectativas están más lejos de la realidad de lo que llegas a tolerar; y una vez reconocido, no deja dejará de ser jodido partir de ahí, juzgar tu trabajo con la menor implicación emocional posible, para no contaminarlo y no desangrarte tú, y seguir adelante.

El ejemplo que pones de los padres y los hijos me encanta, ilustra este fenómeno a la perfección.


Carmenchu
Totalmente de acuerdo contigo. Reconocerse como autosuficiente es de locos. Tú sólo no puedes contra la oscuridad; busca algún interruptor. Y después da las gracias al electricista.


Alejandro
Gracias por avisar sobre el párrafo sin cerrar. He añadido algunos links que ilustran mejor el asunto. Aunque tengo que decir sobre esto que no creo que los políticos de antes fueran mejor que los de ahora, de hecho es algo que, como dice Harry Haller, no se puede comparar. ¿Es más difícil pactar ahora o lo era antes? Creo que es una discusión inútil, como la rigidez mental de nuestros políticos. ¿O es que ser rígido está bien valorado por los votantes...? Me temo que sí.

Sobre lo que dices, Alejandro, recuerdo, casi con ternura, un debate que tuvimos hace dos años en una asignatura de esta licencitura sobre las lecturas obligadas para la ESO. Estupenda manera de fastidiar los clásicos revistiéndolos de obligatoriedad. Creo que si alguno de sus autores llega a saber esto, se habría pensado si escribirlos.

Si hay que continuar con este tema, más que dispuesto estoy.


Gloria
Siento lo de tu resbalón, no fue a adrede. Gracias por este nuevo para enmarcar :)


Paloma
Curiosa tu apreciación. Creo que cuando "diseñé" la ponencia, ese final lo pensé como un punto fuerte. Carcajadas después de reconocer la incompetencia de cualquier lideresa para obligar a sentarse en el suelo a los docentes... "sí queridos asistentes, pero es que, en realidad, es que ha legislado lo contrario! ¿nos reímos ahora? Mejor que sí.