15/5/11

Por sus dichos y hechos puedes conocer lo que llegará a ser

Un rey moro tenía tres hijos; como entre los moros sucede al padre el hijo que él designa, cuando el rey llegó a la vejez los hombres más ilustres del país le pidieron que señalara cuál de aquellos hijos quería que reinara después de él. El rey respondió que se lo diría a la vuelta de un mes. A los ocho o diez días le dijo una tarde al hijo mayor que a la mañana siguiente, muy temprano, quería salir con él a caballo. Efectivamente, el infante vino en busca del rey, pero no tan temprano como le había dicho. Su padre, al verle, le dijo que mandara traer su ropa, que quería vestirse. El infante le dijo al sirviente que trajera la ropa; éste le preguntó qué ropa quería. El infante fue a preguntárselo al rey, que respondió que quería la aljuba, lo que fue a decir al sirviente, que preguntó qué almejía quería el rey. El infante volvió a preguntárselo. Esto sucedió con cada una de las prendas, yendo y viniendo el infante del rey al camarero, hasta que todo estuvo listo y, venido éste, vistió y calzó al rey.

Cuando el rey estuvo vestido y calzado, mandó al infante que hiciera traer su caballo. El infante lo dijo al caballerizo, que preguntó que cuál quería el rey. El infante entonces lo fue a preguntar a su padre y lo mismo hizo con la silla, el freno, la espada y las espuelas; es decir, con todo lo necesario para cabalgar. Ya listo todo, le dijo el rey al infante que no podía salir de paseo, pero que fuera él por la ciudad y se fijara en todo lo que viera para contárselo. Cabalgó el infante, escoltado por los hombres más ilustres que había en la corte y acompañado de muchas trompetas, tambores y otros instrumentos. De este modo anduvo un rato por la ciudad. Cuando volvió, el rey le preguntó qué le parecía lo que había visto. Dijo que muy bien, pero que el ruido de los instrumentos le era muy molesto.

A los pocos días le mandó el rey a su hijo segundo que viniese a él por la mañana. Así lo hizo el infante. El rey le sometió a las mismas pruebas que al hermano mayor. El infante dijo, como el otro, que la ciudad le parecía muy bien.

No pasaron muchos días sin que el padre invitara al hijo menor a salir con él muy temprano. El infante se levantó antes de que el rey se despertara, esperó a que lo hiciera, y entonces entró en su cámara a saludarle con la humildad y respeto que debía. El rey le pidió que hiciese traer su ropa. El hijo menor le preguntó qué quería ponerse de vestir y calzar, y de una sola vez fue por ello y lo trajo, sin permitir que nadie más que él vistiera y calzara a su padre, dándole a entender que se alegraba mucho de servirle, y que, por ser su hijo, era muy natural que lo hiciera. Cuando el rey estuvo vestido y calzado, le dijo que mandara traer su caballo. El le preguntó qué caballo quería y con qué silla y freno, y con cuál espada, y de quién quería ir acompañado, y no olvidó nada de lo que hacía falta preguntar. Hecho esto, lo trajo todo y lo ordenó todo como su padre le había mandado. Entonces le dijo el rey que ya no quería cabalgar, mas que fuera él y le contara todo lo que viera. El infante cabalgó, acompañado por los cosetanos, como lo habían hecho los otros dos hijos. Nadie, sin embargo, sabía cuál era la intención del rey.

Cuando el infante salió de palacio mandó que le enseñaran el interior de la ciudad, las calles y el lugar donde su padre tenía su tesoro; preguntó cuáles eran lasa cosas más notables de ella y cuántos moradores y mezquitas tenía; después salió al campo, mandó reunir todos los hombres de armas de a pie y de a caballo que su padre tenía y les ordenó que hiciesen simulacros de batallas y otros juegos de armas.También vio los muros, torres y castillos de la ciudad. Cuando hubo visto todas esas cosas se volvió a palacio.


Al llegar el infante era ya muy tarde. Preguntó el rey por lo que había visto. El infante le contestó que, si no le molestaba, le diría la verdad. El padre le mandó que se la dijera, so pena de su bendición. El infante le dijo que, aunque siempre le creyó buen rey, se había convencido de que no lo era tanto, pues teniendo tanta y tan buena gente y tanto poder y tanto dinero no se explicaba que todo el mundo no fuera ya suyo. Al rey le agradó mucho la franqueza de su tercer hijo, de modo que cuando llegó el momento de nombrar sucesor dijo que nombraba al más pequeño. Hizo esto llevado por las señales que vio en cada uno. Aunque hubiera preferido que le sucediera uno de los otros, creyó más prudente designar a éste.

5 comentarios :

Carmenchu dijo...

Por fin puedo contestarte, he repensado este post un par de veces cuando caminaba o conducía pero no encontraba hueco para plasmarlo.

Me recuerda ,no sé si es cierto... a una reminisciencia bíblica, igual es su origen , ni idea...

La época medieval es una de mis peferidas ,cuando hacia teatro... nuestros guiones eran casi toas sobre las cortes de amor,el ideal del caballero...etc. Esa idea de honor y del fins amor nos tenia bastante pillados ...

Tu post me hizo pensar en que realmente es muy cierto y pensaba en todos esos gestos pequeños del lenguaje verbal...los menos obvios, lo revelante que pueden ser...

¡Qué bueno ¡volver a escribirte aquí de nuevo XD

David Herrero dijo...

¡Hola, Carmenchu!

Lo primero que me dices lo conecto con lo que me han dicho otras dos personas sobre este psot, que, a su vez, se relaciona con el motivo que me llevó a decantarme por este cuento de Patronio para postearlo aquí. La cantidad de lecturas o, mejor dicho, significados que permite y a los que da lugar.

El título completo es "Por sus dichos y hecho puedes conocer lo que el joven llegará a ser". Es un cuento sobre cómo identificar esas cualidades que todos percibimos a diario, y cómo aprovecharlas, más allá de otros condicionantes más "coherentes" como la edad.

Pero el cuento permite muchas otras lecturas, curiosamente, aplicadas a, al menos para mí, la cotidianidad. Rescato un ejemplo: el tiempo que se toma el rey con cada uno de los hijos, la paciencia, la mesura, el no sentirse imprescindible para que el tiempo avance, dejar hacer a los demás... me resultó chocante esta mi percepción con lo que percibo a diario: como si hubiera que quemar cada día, cada segundo, cada momento, sin poder pararse a, por ejemplo, contemplar y observar o, simplemente, reposar.

Un abrazo,
David.

Ana-Maria dijo...

Hola David ¡¡

Entre estudiar y estudiar he parado un momentito para deleitar mi mente y lo hice leyendo tu post.

Bonito cuento,metaforico e reflexivo post ¡¡¡

Abrazos ¡
Ana-Maria

David Herrero dijo...

Hey! Ana-María!

¿y cómo es que veo yo ahora este comentario y no hace diez días? Pues porque no me paso mucho por aquí. Se me requiere en otros lugares mucho peores, más lúgrubres, menos suegerentes y, sobre todo, con peores comentaristas ;)

Espero verte en el curso de verano del que un tal Alejandro en su blog (creo que es quien lo dirige) escribe un post: http://alejandroiborra.blogia.com/2011/052001-curso-de-verano.php

Un abrazo,
David.

Ana-Maria dijo...

Hey David ¡¡¡

Me pasa un poco lo mismo que a ti,por lo cual no vi hasta ahora que me habias contestado......

Y bueno,para serte sincera me siento halagada que consideras que existen comentaristas peores que los que andan por aqui...... Yo pensaba que soy lo peor de los peores :-))

Si me imagino que nos veremos en el curso de verano de ese tal Alejandro... No se muy bien de donde ,pero me suena muchisimo....:-))

Abrazos
Ana-Maria