16/2/10

Abrir los ojos bajo el agua

Nos sumergimos en el agua. Todos juntos, sí, pero con tantas formas distintas de hacerlo como personas somos. Algunos rehúsan soltar el flotador, otros van a tomar el Sol desde la orilla, otros se han mojado los dedos de los pies y el agua les ha parecido demasiado fría, a otros demasiado caliente, a otros les ha parecido tibia y ya nadan como delfines, otros, incluso, como tiburones, otros hemos tragado algo de agua al zambullirnos y, tras pasar el susto, tratamos de abrir los ojos.

Es lo que intento. Ver cómo es este medio, mucho más complejo de lo que creía, supone, antes que nada, abrir los ojos y ser testigo de su vastitud y enorme complejidad. Asombrarse, es el siguiente paso. Tras él, ha llegado la clase de hoy martes, liviana en apariencia (¿qué sería de nosotros si nos quedáramos en y con las apariencias?), aunque compleja y pesada en su trasfondo.

¿Qué?, ¿cómo? y ¿por qué? son los tres interrogantes-escalones contra los que lanzar tu pelota y recogerla tras hacerla rebotar, y vuelta a empezar. Ese es el juego. Comparar las sesiones entre sí y las propias sensaciones que durante éstas experimentarás, para así poder averiguar qué tienen en común determinados momentos, para llegar a concretar los componentes de la propia experiencia. Puede que este sea el nacimiento de lo que posteriormente se convierta en aprendizaje, o quizás el aprendizaje sea el proceso entero y no sólo el resultado. De cualquier manera, ahí tiene lugar la creación de una expectativa, la misma que te acompañará a la siguiente clase, la misma que, tras lanzarla, te reportará un regalo, más o menos gustoso, pero que te permitirá obtener conclusiones, vislumbrar posibles ajustes, soportar palpitaciones más fuertes aún, etc...

La razón y la emoción se dan aquí la mano, y quizás ese sea tan solo el primer paso. ¿De qué sirven las distinciones sin una experiencia donde manejarlas? o, mejor dicho, donde ser manejado por ellas, eso ya lo veremos...

¿De qué sirve que un niño tenga un balón consigo, el mejor balón, un balón de reglamento, como decíamos cuando era pequeño, si no sale de su casa para jugar con él?

- Children's room por jpdiazdemadrid (en Flickr) -

2 comentarios :

Carmenchu dijo...

Hola David:

Abrir bien los ojos,fijarme en los detalles, escribía hoy en mi blog.

Hoy me encuentro un post que remite,a esos ojos,y son tus ojos los que encontré mi primer día de clase,.. Los que hoy vuelvo a descubrir en tu blog, aún con mayor luz, de consciencia.

Este año de mi vida, me dado cuenta.Cuando hablo con alguien de verdad,sólo si puedo mirarle a los ojos o no.. y como mira esa persona a los míos. Si se encuentran de verdad, y crean un espacio único.Porque reconocen ambos, que son valiosos, que desean compartir algo...

¡No sé ¡,es díficil plasmar esa vivencia en palabras, pero el tiempo se detiene en ese preciso instante.

Gracias por tu talento diferencial, y por compartir esa pelota.Quizás la pelota y el niño puedan ser una misma cosa y así estar dentro y fuera, abajo y arriba.

1 beso y gracias por compartir

Gloria dijo...

Hoy he visto “Ágora” (Alejandría, su biblioteca, la búsqueda de las leyes que rigen el universo, esas imágenes del globo que nos remitían a la pequeñez del hombre, en espacio-tiempo, con respecto a lo que le rodea) y me he acordado de ti, de Sagan, del océano cósmico, de este reciente post en el que narrabas cómo nos acercábamos al agua desde diferentes posiciones (expectación, ansia, miedo, incertidumbre...) y del que le antecedía, en el que nos invitabas a que flexionáramos las rodillas para comenzar...

Conexiones... precisamente lo que se nos invita a hacer en esta asignatura: observar, discriminar, buscar patrones, relacionarlos...

Curiosamente, David, y tras recuperarte de la zambullida, tu metáfora se encadenaba con otra: la de un niño con un balón de reglamento...

Tengo el balón entre los pies, así que... vamos a jugar.