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18/12/16

Conexiones: Vygotsky, Jodorowsky, Ingarfield y Kant, sobre el preguntar útilmente

Es mucho más significativo responder a la pregunta correcta incluso aunque sea aproximadamente, que responder a la pregunta equivocada de manera exacta.
- Vygotsky (1982). Historical meaning of crisis y psychology: A methodological study. Moscú: Pedagogika.


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 - La primera fila de viñetas creo que es un "regalo" del generoso Jodorowsky. La conexión que aquí planteo es con lo que cuenta en las seis siguientes viñetas. -

- Jodorowsky, A. (1969). Fábulas Pánicas. 


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"Si estás comenzando a moverte por un túnel y lo que estás buscando es luz, donde hay más luz es ahí atrás, con lo que la tentación es darse media vuelta y decirse a uno mismo: "esto es demasiado complicado para mí". Quizás sea cuestión entonces, si entras en un túnel, de empezar a andar a tientas, de empezar a utilizar otros sentidos, no tanto la luz, utilizar el equilibrio, el sentido del espacio, etc."
- Tim Ingarfield, utilizando esta metáfora para hablar de la incomodidad que produce la confusión en los procesos de aprendizaje, y, más importante, de la propia utilidad de tal incomodidad para moverse a efectos de aclarar dicha confusión, en un curso del Máster en Docencia Universitaria del año 2010, en la Universidad de Alcalá.


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Cuando se trata del desarrollo científico, todas las dificultades han de ser expuestas e incluso nosotros debemos buscarlas, por muy bien escondidas que se encuentren en el camino, pues toda dificultad exige una solución que no se puede encontrar sin que la ciencia gane bien en extensión, bien en determinación; de modo que incluso los obstáculos se convierten en medios para promover la minuciosidad de la ciencia. Por el contrario, si las dificultades son deliberadamente ocultadas o eliminadas meramente mediante paliativos, entonces tarde o temprano estallarán en problemas incurables que llevarán a la ciencia a la ruina en un completo escepticismo. (énfasis del autor).
- Kant, I. (2007). Critique of pure reason. (Originally published in 1787). In N. K. Smith (Ed.), Critique of pure reason. Immanuel Kant. Revised second edition. New York: Palgrave McMillan.

23/7/11

¿Cómo ha ido el curso de verano?

Esta es otra entrada sobre el pasado curso de verano de la UAH Aprendizaje en desarrollo, llevado a cabo por Alejandro Iborra, Tim Ingarfield y John McWhirter. Otra entrada que, posiblemente, le resulte al lector igual de inconclusa sobre los asuntos que en ella menciono y sobre el propio curso que las dos anteriores que he escrito. Recuerdo que una vez me dijo Alejandro, hablando sobre esas entradas en los blogs que nacen con ímpetu pero que, por falta de tiempo, de concentración, o por querer perfeccionarla más para más adelante, se quedan en el tintero, en el archivo de "borradores", que lo ideal es escribir algo, una entrada en tu blog, por ejemplo, lo antes que puedas tras que haya pasado eso que te ha motivado a escribir. No comenzar con ello y dejar su conclusión para otro día, para otra semana, para otro momento mejor o con más calma, pues, aunque éste llegue, se habrá ido ya para entonces la inicial efusividad que te orientó a escribir. La necesidad que antes sentías de escribir, de contar lo que has vivido, de dejar constancia por escrito, de ordenar tus propias ideas, ya será otra cuando el tiempo pase, otra como, por ejemplo, concluir lo antes iniciado, perfeccionar lo antes dicho o cerrar un asunto contigo mismo y con tu blog.

¿Cómo no escribir sobre este curso de verano? El viernes 15 al medio día, hace ocho días, tras las fotos grupales, las correspondientes despedidas y, sobre todo, tras despedirme -o algo así- de John, sentí la, no sé si necesidad u obligación conmigo mismo, de escribir sobre aquello. He escrito sobre muchas otras cosas en este blog que en aquel momento me habrían parecido insignificantes si hubiera podido pensar en ellas. Aquella sensación mezcla de inestabilidad, de asombro por haber estado ante un tipo como nunca antes había conocido, de impotencia ante los intentos de dar un sentido a lo que había vivido durante aquella semana, de desesperada búsqueda de similitudes con algo conocido, como las asignaturas de Alejandro o los talleres de Tim, y de vértigo ante el incontrolable repaso que me encontraba haciendo de mi trayectoria hasta ese momento... merecía, pensé, según iba saliendo de aquello, ser digerida, explorada, discernida y ser plasmada, de alguna forma, aquí.

Reconozco haber explorado poco el material que, en sus diversas formas, saqué del curso: un par de lecturas rápidas de algunas hojas donde reflejé impresiones en forma de apuntes durante el curso, también una ordenación de las grabaciones que nos pasó Alejandro -a quien pido disculpas por el tiempo añadido que le supuso mi aprendizaje en el uso de la herramienta dropbox-, y una breve escucha de dichos fragmentos seleccionados de forma aleatoria. Puedo reconocer, como también comentábamos entre nosotros a través de un símil Susana, Esther y yo en el curso, que lo que he escuchado y he leído no es lo mismo que yo anoté y escuché entonces. Sí digitalmente (mismos trazos en el papel, misma voz de las mismas personas, etc.), pero no en cuanto al sentido que le doy a ello, no en cuanto a lo que, aunque brevemente, significó para mí durante estos recientes y posteriores acercamientos.

Especialmente emocionante para mí fue el tramo final del viernes, las palabras de John que quedaron entre el último cuestionario y cuando comenzó a hablar -y a asustarme- sobre que el pensamiento no se reduce a los cinco sentidos, sobre que éstos no son suficientes para describir nuestra experiencia del mundo, sobre que la experiencia es el producto de la comparación y no la comparación en sí... Creo que, sin contar con la última sesión, la del lunes, llevada a cabo por Alejandro, la parte antes señalada sería el colofón al resto del curso, a todo lo anterior, tanto a la información que salía de su boca, de sus movimientos, de su cuerpo, como a lo que cada uno había experimentado hasta ese momento. Venía, lo que decía, a resignificar todo lo que había sucedido en el curso hasta ese momento y, en algunos casos, como el del que escribe, incluso hasta más allá, y fuera propio del curso.

Esto de ver colofones y cierres, o tratar de verlos, es algo que tengo que agradecer a Alejandro, quien, de manera no explícita, me ha enseñado a ello en sus diferentes asignaturas. Se podría decir que es una de las manifestaciones del gusto que tengo por buscar patrones: atender a cómo los profesores acaban sus asignaturas, cómo diseñan y ejecutan la última sesión: ¿cómo si fuera una más de las anteriores?, ¿cómo si fuera diferente o especial?; y si la tratan como especial, ¿qué buscan haciéndolo? 

Como cuando tenga que explicar lo que ha sido el curso, o qué tal me ha ido, a alguien que no haya asistido al mismo, no sacaré el tema de los patrones -al menos no de entrada- he estado pensado en cómo lo podría hacer para dar una respuesta donde se mezcle la fidelidad con mi experiencia y lo que yo entienda que el otro puede o está dispuesto a entender. Y así, he recordado un vídeo que vi hace no mucho tiempo, antes de comenzar el curso. Lo rescato como ejemplo de lo que para mí ha sido el curso de verano.

- Para quien prefiera la información sobre los péndulos en forma digital, existe este otro vídeo-

18/7/11

Tengo un post-it que dice...

Aquí mismo. Bajo un montón de folios que ya he organizado, de los que unos irán a la basura, otros a pasar a ser escritos por su espalda, y otros a ser reorganizados, me he encontrado dos post-it apaisados, que son un poco más anchos que los normales, sin llegar a ser el doble. Normalmente, porque es normal que escriba cosas para un instante que luego perduran por mi escritorio bastante más de un instante, lo que hago es ver un post-it, verificar que ya no sirve para nada y hacer que pase a formar parte de los papeles que irán a la basura -al contenedor azul, que soy un chico limpio-. Pero en esta ocasión, una especie de esquema dibujado con boligrafo rojo me ha llamado la atención. Es este:

- Pido disculpas por la mala calidad; y no me refiero a la de la fotografía - 

Enigmático, sí. Por los conceptos, "sujeto" y "objeto", supongo que lo escribiría tras leer algo de Robert Kegan, con quien tengo una relación bastante abierta y esporádica, aunque los dos lo llevamos bien. ¿Cómo recupero los recuerdos? Esta es una de las preguntas que me acompañará de aquí en adelante gracias a John McWhirter y su curso de verano. ¿De qué me sirvo para ello? ¿Cómo accedo a esa información que busco y que aún no tengo y me falta para dar sentido a esta otra? ¿Cuándo y por qué lo escribí? y, lo más importante, ¿qué quería decir?

Cuál ha sido mi sorpresa, cuando, intrigado en mi búsqueda de significado para este esquema, he dado la vuelta al papelito amarillo y he encontrado bastante escrito, para lo que es un post-it, no se crean: "Sin atender a la experiencia, o sin atender a los procesos, o sin dejarse cambiar por los problemas, o... ¿Qué hay entre una forma de pensar y la otra?" Una flecha señala algo entre exclamaciones que es ininteligible para su propio escritor, vaya. Luego, lo que entiendo que es un ejemplo: "Atiendo al hecho de que alguien sea más rápido que yo, lo objetivo." Flecha. "Atiendo a la propia comparación con ese alguien." 

Lo anterior, y otras cosas peores, pueden caber en la cara de un post-it; es lo que tienen los apaisados, que vienen bien para cuando te entra la inspiración. Parece que ahora ya tiene algo más de sentido el anterior esquema. Creo, o me atrevería a decir, que tiene algo que ver con el primer esquema que dibujó John en uno de esos grandes folios blancos colgados de la pizarra vertical de los que se servía modestamente, me refiero al que en un principio sirvió para representar la transición de cada uno de los allí presentes entre antes de salir de casa o del hotel, hasta encontrarse allí sentados y más o menos dispuestos. Aquel tenía cinco fases, o momentos; este tiene dos, y hace referencia a un objeto, pero creo que ambos sirven para hablar de un cambio, de un antes y un después, una nueva forma de pensar, un nuevo sitio en el que sentarse, una nueva actividad que hacer, etc. todo ello, diferente a lo anterior. Claro está, el de John es de John, y el mío, en poco tiempo, seguirá el camino de sus antecesores, que bastante es ya inspirar un post.

Si recuerda el lector, he comenzado diciendo que había encontrado dos post-it. El segundo, que sólo tiene escrito: "Lo interesante es lo que te hace pasar de pensar de una forma a pensar de otra. ¿Qué hay entre medias? ¿Qué ha pasado entre medias?" se puede considerar que sirve para dejar ya claro que hablaba de una transición, una entre un sujeto y otro con tres líneas bajo él y una especie de plataforma que lo aúpa respecto al primero. Algo un tanto raro, como lo mismo que sentí el viernes al salir de clase al medio día.

Los post-it los grarabateé antes de que diera comienzo el curso de John, Tim y Alejandro, al menos formalmente, y a la pregunta de "¿Qué ha de pasar en medio?", que me formulaba en ellos, desde luego se han encargado de responder sobradamente estos tres, y no sólo usando palabras y esquemas, sino creando la posibilidad de participar de una verdadera experiencia de aprendizaje, pero tampoco respecto a un sólo contenido, porque, como traté de explicarle torpemente al compañero anglohablante del curso, Richard, el tema de este curso, más allá de los modelos explicitados, es cualquiera, es el que cada uno quiera o se atreva a darle: pueden ser aspectos muy concretos de ti mismo, o generales; puedes ser tú dentro de un momento vital, o en relación a otros dentro de otro momento vital; puede ser cualquiera de las relaciones u objetos que uno llegue a atisbar en su vida, es decir, como dijo John el viernes dejando al que esto escribe con la boca abierta y una sensación indescriptible -aunque ese mismo adjetivo trate, a su vez, de describirla- el contenido de este curso está fuera de este curso, es la vida que hay fuera y son las transiciones que la componen, que se sobreponen a otras, que se encuadran dentro de otras, que se simultanean, que acaban, o no, que son más o menos explícitas para uno, más o menos largas... y, un momento, puestos a abstraer, ¿no es la vida la transición donde queda contenida cualquier otra posible?

13/7/11

De aquí a allí

Bueno, nos encontramos en mitad del periodo formal del curso de verano "Aprendizaje en desarrollo: Mejorando las transiciones del aprendizaje mediante el modelado conductual". Si tuviera lugar en invierno, o en otoño, cambiaría el uso que estamos haciendo de los espacios, sobre todo el del jardín de la Facultad de Documentación, y también el del aire acondicionado que sopla sin piedad directo al costado de los imprudentes que se sitúan dentro de su zona de alcance. El curso dura seis días, y hoy, miércoles, ha sido el tercero. El último será el próximo lunes, con lo que creo que no sería muy exacto decir que estamos en el ecuador; estoy seguro de que los dos días que hay entre el viernes y el siguiente lunes no serán un sábado y un domingo cualquiera.

A veces parece todo tan complejo, tan inabarcable, tan lejano; otras, en cambio, tan evidente, tan transparente, tan amigable, que uno acaba agotado tras apearse de la montaña rusa que supone cada una de las sesiones de nueve horas, fraccionadas en dos periodos de cinco y cuatro horas cada uno, que, a su vez, quedan divididos por un descanso que suele ser agradecido, bien porque uno se dedica durante él a otra cosa distinta de lo que ha hecho antes, o bien porque a uno le da tiempo de seguir jugando con la misma madeja de hilos en la que se ha enredado en el periodo anterior.

Cada periodo se compone de explicaciones, de ejercicios y de puestas en común que enlazan con las primeras, y vuelta a empezar. John McWhirter ha hecho referencia hasta ahora varias veces al término factalidad y, no sé si por ello, esta tarde, en uno de los grupos con que he trabajado, nos hemos asustado un poco -al menos hemos puesto cara de ello- al indagar sobre este concepto y ver que se podía encontrar prácticamente por doquier. La fractalidad se trata de una estructura que contiene en sí misma esa estructura a diferentes escalas, es decir, la estructura que se puede ver a cierto nivel de aproximación, se puede volver a ver centrándose en uno de los componentes de esa estructura, y así sucesivamente, me imagino que no infinitamente, al menos tratándose de asuntos de la mente y del comportamiento humano. Los componentes de esa estructura, en este caso, son los diferentes pasos por los que se pasa para ir de un punto a otro, es decir, que la estructura es el trayecto que une dos puntos diferentes. Uno está en un punto, sale de él, va a hacia otro, se acerca al otro y, finalmente, llega al otro. Este es el caso, por ejemplo, de alguien que va desde donde duerme hasta la silla donde se sienta dispuesto a comenzar un curso de verano.

-"¡Qué simple! Es una buena forma de empezar el curso." -Me dije cuando vi dibujado mediante rotuladores de diferentes colores el esquema de la anterior transición en uno de esos folios grandes que cuelgan en vertical de una pizarra de fondo blanco y que, cuando han sido ya firmados por el artista, pueden pasar por encima del resto, quedándose colgando por detrás de la pizarra, y dejar lugar a otro lienzo listo para ser llenado de significados. Y no me equivocaba, ello era simple porque mi forma de entenderlo también era simple. Un ejemplo donde todos nos podríamos reconocer y, además, fácilmente, puesto que acabábamos de tomar la silla dispuestos.

- Aguja e hilo en detalle, una imagen sobre este curso - 

Un efecto: un ejemplo simple; una causa: un comienzo de un curso; o viceversa, ya que el modelo explicativo que yo apliqué es tan chapucero que a veces se tiene que comenzar por el final para encontrar el principio. Y me duele decir que es chapucero porque, lo siento, lector, pero es el que usted y yo utilizamos para pulular por el mundo. Se hace algo en un lugar y, en otro, pasa algo, así, porque sí,  porque cómo va a ser si no, ¿eh? Ese dolor, que ahora no es literal, sí que lo fue cuando comencé a entender la magnitud del asunto que ese escoces, de cabello decolorado en relación a su otro yo en Internet, nos estaba contando la mañana del martes. Señores, señoras, niños y niñas, viven en una mentira, yo lo sé y se lo cuento, hagan lo que puedan o lo que estén dispuestos a partir de aquí. Mi ritmo cardíaco también se mosqueó, y con él, mi ritmo respiratorio; parece que también entendían lo que les estaban diciendo. Hice uso del respaldo de la silla a la que llegué dispuesto y comencé a admirar a este tipo de sutiles movimientos y penetrante mirada, mientras resonaba en mi mente: "¿el único efecto que causa el modelo causa-efecto es la ilusión de pleno entendimiento?; ahora que entiendo esto, entiendo, a su vez, menos..."