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12/4/09

Diario de aprendizaje de Pedagogía laboral. Capítulo 8

Transiciones a la vida adulta – el aumento de la densidad de la niebla – caer en la desestructuración.

Una vez hemos tenido la posibilidad de construir mentalmente a grandes rasgos el panorama laboral actual, siendo ésto un requisito necesario para poder trabajar las historias de vida, era de esperar que el siguiente eslabón de la cadena, el siguiente texto, nos proporcionara las herramientas conceptuales para poder precisar lo más posible en nuestra investigación, y así ha sido. En concreto, nos viene a proporcionar una serie de modelos de transición laboral tomando como variables de los mismos los procesos de generación de expectativas del individuo y el tiempo en que éste asume objetivos significantes con relación a su situación de autonomía.

Dichos modelos los explicita como resultado de su visión escéptica sobre la serie de relaciones y explicaciones que, me atrevería a decir, son propias de una perspectiva neoliberal y vienen a decir, por ejemplo, que las tasas de desempleo juvenil están determinadas por las deprivaciones formativas o por las rigideces del mercado de la contratación, etc.; es decir, pone en tela de juicio las hipótesis comúnmente aceptadas tales como que una mayor formación se corresponderá con un mejor empleo, que si éste no es encontrado será por un desajuste de la formación del individuo con respecto a lo que el mercado demanda ya que, no lo olvidemos, una de las ideas de fondo del neoliberalismo es que el sistema educativo debería parecerse lo más posible a un dispositivo de inserción profesional, donde el saber sólo tenga sentido en función de las metas.

En mi opinión no es que el sistema educativo debiera ser lo opuesto a lo anteriormente escrito, pero pensar que la educación de los futuros ciudadanos, de los encargados de hacer el mundo mejor de lo que es hoy, deba depender enteramente de los ajustes y desbarajustes del mercado laboral, siendo fiel a una óptica desde la que el verdadero progreso es medido por los ceros (a la derecha) en las cuentas corrientes y por el nivel de basura producido, en cierto modo, me hace perder la fe en la capacidad que se nos presupone a los países desarrollados de progreso, tal como yo lo entiendo, claro, pues a pesar de que la última letra del acrónimo de la organización que pace mostrar más interés en la educación de los europeos haga referencia a la economía, no creo que la educación tenga, o debiera tener, un fin distinto al humanitario.

Así pues, ante lo que el autor considera una deformación de la realidad propone seis “modalidades de transición” atendiendo a las variables antes mencionadas y que vienen a englobar el conjunto de expectativas, decisiones, realidades y logros que determinarán en gran medida cómo será el tránsito que una persona realice desde el ámbito académico al laboral. Sobre dichas modalidades, dado que ya hemos realizado el primer análisis en grupo de una historia de vida, y visto que es ahí donde más explicitaremos las características que componen a cada una, me ahorraré el describirlas en detalle ahora, aunque no mencionar lo que me ha parecido más relevante de ellas para, a su vez, enlazarlo posteriormente con los efectos de la economía actual y las necesidades que se derivan de ella.

En concreto, tres de ellas a partir de la década de los ’60 y ’70, y coincidiendo con el cambio de ciclo, de cuantitativo a cualitativo, que señala Félix Angulo en su texto, y de una manera progresiva, han ido en decadencia y, por ende, las otras tres en aumento. Una característica común a las tres primeras (trayectorias obreras, de adscripción familiar y de éxito precoz) es que el tránsito en sí mismo es sustancialmente diferente de las tres segundas, sobre todo en lo que se refiere al tiempo en que es consumado, siendo en las tres últimas (trayectorias de aproximación sucesiva, de precariedad y de desestructuración) más prolongado.

Lo último, dentro del modelo conceptual que plantea Joaquim Casal, es consecuencia de la nueva realidad, donde lo que verdaderamente ha emergido son una serie de factores tales como la complejidad en la toma de decisiones ante las transiciones, y la regulación del empleo juvenil sobre la base de la precarización y la rotación. Ante las más que posibles consecuencias negativas que acarrearía lo anterior, lo último a lo que alude el autor antes de acabar su texto es a la responsabilidad social y estatal de atajar la emergencia. Aunque me pregunto yo si tal necesidad de actuación social no será sólo vista desde ideologías poco próximas al neoliberalismo.

Para hacer que el lector elabore una idea más fidedigna de la realidad, el autor del texto propone un símil entre las transiciones y la forma de viajar en diferentes medios de transporte, donde las tres transiciones en decadencia actualmente, y propias de otra momento socioeconómico, se asemejarían más a viajar en tren, mientras que las tres que actualmente están en emergencia les pasaría lo mismo pero con un viaje en coche, y pasando por zonas de visibilidad bien limitada debido a la niebla, añadiría yo. Nieblas que representarían a la complejidad creciente de los itinerarios formativos; a los imaginarios profesionales representados por los medios, algo que el momento de auge de las tres trayectorias hoy en decadencia también ocurriría, pero la presencia e influencia de los medios actualmente no es equiparable con la de entonces; y también a la cantidad de información que, consecuencia de lo anterior, se torna abundante y dispersa desde el punto de vista del interesado. Así pues, surge la necesidad de la “orientación para la transición”, en palabras del autor, cuya intención sería proporcionar a los alumnos estrategias y herramientas para poder elaborar trayectorias coherentes y acumulativas, que no fuera tanto un servicio externo como una capacidad (¿competencia?) del alumno. Dicha capacidad y/o competencia encontraría su verdadero campo de pruebas ante la provisionalidad, poca estabilidad y duración del empleo juvenil, ante la precariedad derivada de la desregulación y flexibilización del mercado laboral y la optimización de beneficios y riesgos para los empleadores.

Los dos factores anteriormente nombrados, la complejidad creciente del sistema de estudios, junto a la precarización del empleo juvenil, hacen que los jóvenes que ayudan a aumentan las estadísticas de fracaso escolar y los que ya de por sí están en situaciones sociales de riesgo, sean un blanco fácil para la aparición de trayectorias en bloqueo o desestructuración. Es decir, si por una parte este nuevo panorama puede servir a los jóvenes a llegar a la situación de compaginar estudios universitarios con trabajos precarios pero a la postre beneficiosos tanto para su bolsillo como para su currículum, por otra parte, exactamente los mismos condicionantes, pueden servir de mecanismo de desestructuración para las trayectorias laborales de jóvenes en situaciones de partida no muy favorables, como los situados en zonas suburbanas desfavorecidas socialmente, o los absorbidos por culturas construidas entorno al consumo alienante y la marginalidad, o, mismamente, uno de los jóvenes que se encuadran en ese 30% de alumnos fracasados en el ámbito escolar.

Desde una perspectiva neoliberal donde prime la optimización del gasto en pos de los beneficios económicos no sé cual sería la consideración que se preste a éste último grupo que se podría considerar de riesgo ante el panorama laboral, no sé cuánto más importante es el dinero y el poder que las personas. Pero desde una perspectiva de cohesión social, o de justicia social, como denomina el autor, que no es otra cosa que una perspectiva sencillamente natural, humanitaria, ajustada a la realidad y no artificial, éste grupo de presunto riesgo debería movilizar todos los recursos de un supuesto orientador para, en definitiva, promover en el sujeto la lucidez, la capacidad de acceder y usar racionalmente la información.

Por último quiero expresar una preocupación que me ha suscitado el final del texto de Joaquim Casal, y es que a enfrentar esas dos perspectivas, cada una con unos determinados principios de actuación ante la realidad, me resulta difícil no encajar la tendencia de la educación actual, sobre todo si nos fijamos en la CAM, en la perspectiva de la racionalidad económica. Aunque también sería difícil de imaginar que un gobierno que promueve la privatización de los servicios sociales, la disminución del gasto público y la desregulación del mercado de trabajo, no acabe también por dar su toque de gracia a la educación, y convertirla así en un sistema subyugado a las necesidades del sistema productivo.

1/3/09

Diario de aprendizaje de Pedagogía laboral. Capítulo 4

Texto de Félix Angulo – miedos de la clase media – credulidad – cambio de ciclo – consumidores por alumnos – lo implícito de la práctica.

Durante la última semana del mes de febrero nos dedicamos a trabajar el primer texto teórico de la serie que vendrá a conformar la ruta de ascenso a seguir propia de la asignatura. Se trata del primer capítulo “El neoliberalismo o el surgimiento del mercado educativo” escrito por Félix Angulo, dentro del libro “Escuela pública y sociedad neoliberal”, donde además de éste autor escriben algunos otros. A grandes rasgos la utilidad que le percibo, una vez leído y analizado, es que me ha servido para reafirmar algunas ideas previas, matizar y complementar otras, y comprobar que gran parte de lo surgido en clase cuando expusimos las ideas previas del grupo ha encontrado respaldo en este texto.

Comienza Félix Angulo, el autor del texto, tratando de identificar los componentes definitorios del neoliberalismo, los engranajes de la maquinaria, pues averiguar su verdadera identidad atendiendo al desparramamiento de su discurso y sus acciones por distintos campos como la cultura, la economía o la teoría democrática, no es viable. Así, llega a definir sus dos tendencias básicas, donde la primera estaría relacionada con conceptos economicistas, y la segunda con los referidos al mantenimiento del poder por medio de la propagación del miedo y la credulidad (aristocracia, autoridad, militarismo y valores religiosos occidentales). Tal para cual.

Me parece enormemente acertada esta definición del autor, donde destaca la lujuria desarrollista propagada por una artificial cultura consumista por un lado, y el afán controlador y opresor por otro. Si hay algo que ya tenía yo claro es que el afán humanitario (que mira o se refiere al bien del género humano) brilla por su ausencia dentro de esta ideología, en favor del desarrollo económico de unos cuantos individuos. Es decir, tratan de globalizar la economía y el consumo, pero llevando hasta el extremo una forma de hacerlo que, para quien quiera y pueda verlo, ya ha demostrado su inutilidad para aliviar los peores males de la especie humana (guerras, desigualdades, injusticias y lo peor de todo, los intentos de justificación de estas mismas calamidades), y es más, me atrevería a decir que si no los causa, los agrava.

A pesar de lo anterior, como bien señala el autor, lo más grave no es eso mismo, sus principios, sino que la práctica de éstos representa la panacea para gran parte de la llamada clase media, concepto éste que en realidad considero una falacia, pues según la percepción individual ¿quién no se ubicaría dentro la clase media, existiendo sólo otras dos opciones, una por encima y otra por debajo? Es decir, existe una percepción generalizada de pertenencia la clase media, lo que a su vez significa un temor generalizado frente al estado de bienestar y la crisis internacional económica, cuyas soluciones (dicen unos y creen otros) son encarnadas por ideología neoliberal. He ahí su gran voracidad, la difusión de soluciones por medio de la credulidad. Algo imposible de rechazar para la mayoría de la gente, pues le evita de la ardua tarea de tener que esforzarse en pensar y reflexionar.

Una vez habiendo expuesto de qué van los representantes del neoliberalismo, el autor pasa a analizar las repercusiones que ha tenido la aplicación de sus doctrinas económicas a los sistemas educativos de masas. Para ello se centra en “las crisis de los Estados de Bienestar”. Aquí tengo que señalar que, para un mejor entendimiento de este problema, he optado por representar mentalmente la cresta de una montaña rusa (una pronunciada subida e idem con la bajada, aunque esto no necesariamente se corresponda con la realidad), para así visualizar mejor los dos grandes ciclos, respecto al Estado de Bienestar, de los que habla este autor. Primero el cuantitativo, la subida de la cresta, un momento de avance en la expansión de la economía capitalista y claramente definido por una intervención estatal en la economía, por la provisión pública de servicios sociales universales y por la asunción del estado de la responsabilidad de garantizar un “mínimo nivel de vida”, entendido como un derecho social dependiente de una responsabilidad colectiva. Sobre la educación la repercusión se encontraría en torno a cuatro elementos: las altas tasas de escolarización obligatoria, la presencia de una administración educativa central encargada del control, la existencia del leyes de educación obligatoria que vienen a representar la responsabilidad colectiva de todos los ciudadanos por el acceso a la cultura y, por último, la generalización del proceso de incorporación en una colectividad de futuros ciudadanos. Estas decisiones responden a una determinada lógica, es decir, a unos determinados problemas. El paso de un ciclo a otro, de una cara de la cresta de la montaña rusa a la otra, se produce con un progresivo cambio de la lógica de actuación, es decir, un cambio en la fijación de problemas. ¿Tendrá en ello algo que ver la facilidad para calar en las mentalidades ciudadanas del neoliberalismo?

Creo que está claro que sí, que tiene que ver, y que además ésta es una pregunta pertinente para ir más allá de asumir la nueva situación como una simple sucesión histórica y lógica de la anterior. Así pues, el autor pasa a exponer las críticas vertidas desde la perspectiva neoliberal a la anterior situación descrita, para de ahí mismo extraer las características de su practica económica y política, y por último las repercusiones de ello en la educación.

Desde tal perspectiva, en primer lugar, se ve un problema en el déficit público, consistente en la dificultad de las políticas redistributivas para satisfacer el aumento de las demandas sociales, propias del estado de bienestar. Así pues se sitúan como contrarios a la excesiva regulación estatal y al aumento de los costes salariales, entre otras cosas. En segundo lugar estarían los problemas administrativos, representados por la excesiva carga burocrática y, en consecuencia, la destrucción y paralización de la iniciativa privada. Por último encontraríamos los problemas políticos, cuya solución pasaría por un replanteamiento de la concepción liberal de la democracia donde la excesiva demanda de participación en lo colectivo arruinaría la posibilidad de la presencia en determinadas decisiones de cuerpos selectivos de élites ‘ilustradas’.

Tras esta exposición de principios queda ya claro que su visión del estado es como la de un cuerpo protector (me viene a la cabeza la imagen de Don Corleone, el famoso padrino) mientras que el individuo, ávido de dinero y poder, procura conseguir cuanto pueda de éstos preciados bienes rayando el límite establecido por la ley. Triste visión, en la que, como intuía al principio de esta sesión, poco o ningún lugar hay para los fines humanitarios, y sí mucho para la injusticia, la desigualdad, y sobre todo la mentira, y los recursos necesarios (basados todos en la credulidad) para vender ésta al pueblo, para que así esté en disposición de elegir bien lo que le conviene para acallar sus miedos.

También se pueden vislumbrar sus estrategias políticas para llevar a efecto tales propósitos (o despropósitos, según se mire). Serían el reforzamiento de la estructura de mercado libre y de la economía de la oferta; la privatización de servicios públicos; la defensa de la privacidad, en nombre de la libertad, y la conversión del ciudadano en cliente; y por último la tendencia a la reducción del estado al mínimo, pero con un aumento de su fuerza. En definitiva, según nos cuenta el autor, lo que está ocurriendo en este cambio de ciclo en lo referente a educación (de lo cuantitativo a lo cualitativo) es el resultado de la aplicación de lo anterior a la educación o, dicho más sencillamente, la mercantilización de la educación. Como decía antes, ahora los problemas son otros, pues otros son los ojos que miran la realidad y otro el raciocinio que la interpreta.

Ahora el alumno es un cliente, un consumidor, y como tal ha de buscar la mayor calidad, y lo por tanto ésta se le ha de procurar. Así pues, dada la incertidumbre del mercado laboral, la respuesta a ¿cuál sería la educación de mayor calidad? Parece resultar obvia. Sería la que más asegure el acceso al mercado laboral, quedando, por tanto, plenamente regida, y esto es lo preocupante, por las necesidades del mercado y por los requisitos demandados por los empleadores; donde todo lo que ocurra durante el proceso de aprendizaje tenga únicamente sentido en función de las metas y los objetivos previamente establecidos. Lo último lo he redactado de manera un tanto icónica, pues me cuesta pensar que algo así pueda suceder de manera pura, en realidad no quiero creerlo, prefiero pensar en el papel que ha de jugar la innovación educativa.

Por último he de comentar que el autor acaba el texto consiguiendo descolocarme, pues cuando se refiere a una ley educativa que introduce ese ciclo cualitativo en España esperaba leer la LOCE, y no la LOGSE, una ley del partido socialista. Aunque por otra parte, sí que se puede reconocer sobre la realidad, y bien próxima, lo referido a la estructura de control sobre la actuación del sistema educativo, y sobre los rendimientos de docentes y escuelas, a fin de comparar unos con otros, a fin de que el consumidor conozca que es lo que más le conviene para convertirse en un futuro depredador de dinero y poder mientras, eso sí, el estado, al que habrá que buscarle las cosquillas en pos de menor regulación mercantil en nombre de la libertad, nos guarde y proteja, y nos trace los límites legales que alguna que otra vez habremos de infringir.

En general es un texto que, como ya he dicho al principio, me ha gustado, me ha servido como reto para encajar mis ideas previas con las que expone, y así tener una visión más global y a la vez, más detallada, más útil para ver los matices y aclarar lo que subyace al neoliberalismo, que dada su peligrosidad y proximidad actual al sistema educativo, más valdrá conocerlo bien que considerarlo una mera sucesión histórica y lógica tras el auge del estado de bienestar.

La puesta en común en gran grupo reforzó aún más mi entendimiento, pues se aclararon definitivamente conceptos centrales para entender el texto como el del estado de bienestar y cambio de ciclo de cuantitativo a cualitativo. Además de ello, también hubo hueco para seguir definiendo y aclarando la forma de trabajar que vamos a seguir durante el curso. Surgió al respecto una frase: “lo que acontece a la práctica se negocia explícita e implícitamente”, la cual me llevó a caer en la cuenta de que a pesar de que en la primera práctica pensásemos que habíamos trabajado correctamente en grupo y luego viésemos que no fue así, a pesar de que se nos han proporcionado por escrito unas normas grupales, eso sólo no valdrá. No valdrá con la simple percepción, o la asunción de normas explícitas, hará falta algo más, habrá que trabajar conscientemente en lo implícito.